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Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

¡Qué raros son los japoneses!

Un terremoto, que provoca un maremoto, que provoca una peligrosa avería nuclear ¡y todavía nadie ha pedido la dimisión del Gobierno! Definitivamente los japoneses son gente rara: en lugar de lamentarse y pedir compensaciones a sus desgracias se han puesto a trabajar para rescontruir lo destruido.

Decenas de periodistas occidentales con el equipo al hombro se  trasladaron al lugar de la tragedia. Buscaban cuerpos sin vida lacerados por la radiactividad,  bandas asaltando los supermercados ya desvalijados y legiones de desamparado rebuscando entre las ruinas los restos de su patrimonio… Pero el mejor material informativo conseguido es el de gente con cara impasible que sin duda oculta la tristeza mientras que, dentro de lo posible, recuperan su vida normal. Si acaso, la única queja se centra, precisamente en el trato amarillista que los medios occidentales han dado a la catástrofe.

Sobrecoge la dimensión de la tragedia y sobrecoge la reacción de una sociedad que por idiosincrasia, por historia, por cultura, por lo que sea, es capaz de entender que tamaña desgracia solo puede ser afrontada con serenidad y solidaridad.

Cambiando de continente y de tragedia, los ataques terroristas a las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001 y al Metro de Londres el 7 de julio de 2005 provocaron un reflejo de unidad en las respectivas sociedades. A nadie se le ocurrió responsabilizar de los mismos a George Bush o a Tony Blair.

Va a resultar que norteamericanos y británicos también son  raros porque no convierten un atentado terrorista en un elemento esencial de la disputa política o el accidente de un petrolero en un misil contra el Gobierno. Desde luego no es el caso de la sociedad española cuya vida se altera sustencialmente por un ataque terrorista o  por el naufragio de un petrolero cuyos escapes inaundan la costa. Seguramente los raros somos nosotros.

¡QUE CARRERON, MARAÑON!

La Comisión Europea ha revisado los planes de reducción del déficit público de los catorce Estados miembros de la UE que no cumplen el Tratado de Estabilidad y Crecimiento. Prácticamente todos los países –sin exceptuar los más grandes:Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia y España– reciben una colleja porque los gobiernos respectivos pecan de optimismo al pronosticar para sus economías unos crecimientos mayores de los que sería razonable pensar. Con otras palabras, la Comisión dice que los economistas y funcionarios gubernamentales confunden realidad con deseos.

Sería necio pensar que la mala situación generalizada de las finanzas públicas europeas, denunciada por la Comisión, alivian la gravedad del caso español. Muy al contrario: cuando los acreedores no tienen un duro suelen ser más estrictos a la hora de reclamar la devolución de los préstamos y más reacios a la concesión de nuevos créditos. Mal de muchos, consuelo de tontos

En cualquier forma, España, como digo, no es una excepción a la regañina general, aunque en su caso la bronca de la Comisión es algo más subida de tono porque le pide lo que aningún otro país: “que se mejoren (…) el sistema de pensiones de jubilación (…) y la calidad de las finanzas públicas”. O sea, que tampoco para la Comisión Europea las pensiones españolas están garantizadas.

Con todo, lo que resulta más revelador del informe es que no deja de señalar que los pronósticos que formuló el Gobierno hace solo un año han resultados desbordados por una realidad mucho peor.

Algunos ejemplos:

-en enero de 2009 el Gobierno dijo que el Producto Interior Bruto bajaría el 1,6 por ciento ese año y la realidad confirma que la caída fué del 3,6;

-también a comienzos de 2009 las cifras oficiales pronosticaban un déficit público del 6,2 por ciento del PIB cuando según los datos de cierre –¡solo 11 meses después!– el déficit llegó hasta un insostenible 11,4 por ciento;

-tercer ejemplo de mal pronóstico: la deuda del sector público llegó, al cierre de 2009, hasta un 55,2 por ciento del PIB, cuando el cálculo inicial era de solo el 47,3 por ciento.

En el acierto o en el error de los pronósticos no se juega la honrilla profesional del economista, sino la credibilidad y confianza de un sistema. Ahora nadie serio se cree que el Gobierno español sea capaz de cumplir con sus compromisos de reducir el déficit hasta el 3 por ciento… Y buena parte de esa escéptica desconfianza se provoca por el sistemático error en el diagnóstico de la situación anterior.

Recuerdan a aquel mendigo que en plena calle se desmaya por inanición, y un voluntarioso estudiante de se acercó a reconocerle diagnostica que el desmayo se ha producido por una indigestión. El mendigo desfallecido abre los ojos y le espeta: ¡qué carrerón, Marañón!.

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.