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Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

Amancio Ortega en el país de los camareros (I)

Seguramente es el mejor empresario que ha dado España en el último siglo y medio. Hacen falta mucha gente como él, que monte empresas y no negocios. Su jubilación obliga a plantearse una pregunta: ¿Por qué en España no hay una docena de Amacios Ortega?

Desde cero  levantó  Inditex, el más importante grupo textil del mundo: el gran mérito profesional de Amancio Ortega es que lo ha conseguidó en un entorno económico que mayoritariamente  produce camareros. Adelanto que, como todo trabajo humano desempeñado con honradez y competencia, el de camarero es un oficio tan digno de respeto  como del mejor neurocirujano. Con todo, servir las cañas y cafés que piden los clientes de una barra o de una terraza es un oficio sin futuro económico por la sencilla razón de que no es escalable. Me explico.

El negocio de la hostelería, que tras la caída del inmobiliario  vuelve a ser el más importante de España, es un negocio intensivo en capital humano.  Un camarero puede atender, digamos, diez mesas; si el negocio va bien y su propietario quiere aumentarlo con otras diez mesas, debe alquilar más espacio, comprar una cafetera adicional y contratar otro camarero y así indefinidamente: el último café vendido tiene, prácticamente el mismo coste, sobre todo salarial, que el primero.

Por el contrario el modelo de negocio de todas las empresas filiales de  Inditex se fundamenta en que el costo de diseñar, fabricar y vender de una camisa es menor a medida que se fabrican y venden mayor número de camisas de un mismo modelo. Para vender, digamos, cien camisas hace falta un empleado, pero para vender mil no hacen falta diez empleados, sino ocho y para vender cien mil, la proporción sigue bajando.

En definitiva Inditex es una empresa  y lo que abundan en España son negocios del sector servicios, intensivos en capital humano y con una limitada capacidad de crecimiento; el virus afecta  no solo a los camareros, sino también a abogados, profesores, publicitarios, taxistas, consultores, pilotos y, hasta ahora, albañiles. La limitación de este modelo castizo es que la legítima mejora de sueldos a la que todo el mundo aspira se refleja de inmediato en inflación y pérdida de competitividad: si un café con leche es más caro en España que en Grecia, el turista preferirá  Grecia.

¿Por qué España ha dado tan pocos empresarios como Amancio Ortega? Es la pregunta del millón de euros. Mi contestación provisional y resumida es que la dictadura resultante de la Guerra Civil 1936-39 provocó que las burguesías industriales del País Vasco y Cataluña vivieran tranquilas concentradas en el mercado interior, enriqueciéndose al socaire del proteccionismo franquista,  y cuando llegó la hora de la apertura al exterior las empresas textiles y de maquinaria ya se habían quedado obsoletas. Quizás haya docena y media de excepciones a lo que digo.

En la actualidad, las propuestas de los jóvenes emprendedores españoles andan siempre cerca de ese modelo de economía de servicios, que aunque ahora esté basado en Internet no produce economías de escala. Seguramente también hay propuestas en la mejor dirección, pero estas no encuentran capital.

Permanezcan atentos a la pantalla, que seguiré informando.

POR QUE CATALUÑA PIERDE POSICIONES

Según los últimos datos ofrecidos por Funcas el año pasado fue el cuarto ejercicio consecutivo el PIB de la Comunidad de Madrid fue superior al de Cataluña: respectivamente 200.597,8 millones de euros, frente a 195.138,1 millones de euros. Hasta 2006 eso no había ocurrido nunca, pero desde 2006 se repite.

Por ser histórico, el dato merece una reflexión. Más allá de la dialéctica futbolera de que si este año gana uno, el próximo cambiarán las tornas, se confirma la tendencia de que Cataluña está dejando de ser el primer motor de la economía española.

Durante el siglo XIX y buena parte del XX, Cataluña, junto al País Vasco, fué la región española que mejor entendió y practicó la revolución industrial. Mientras que Madrid, en el decir de Josep Pla, era un poblachón manchego habitado por funcionarios y aristócratas, en Cataluña una burguesía emprendedora aprovechaba el cambio tecnológico para instalar  fábricas y vender sus productos. Primero apoyada en el textil y luego diversificada a otros sectores industriales y comerciales.

Barcelona fue durante muchos lustros la capital española de la cultura, tan bien reflejada en novelas como Mariona Rebull, El Viudo Rius, o La Ciudad de los Prodigios. El Teatre del Liceu como manifestación cultural y de posicionamiento económico, la arquitectura civil como reflejo de la sensibilidad (y de la necesidad de ostentación) de una burguesía ilustrada. En una España centralizada era fácil establecer el modelo de cerrar las aduanas a productos exteriores y reservar el mercado nacional para la industria catalana cuyos representantes llegaban hasta los más remotos rincones donde se pudiera hacer negoçi.

Pero a partir de la última década del siglo XX el modelo dejó de funcionar. No es que Catalunya perdiera ímpetu, es que Madrid lo ganó. ¿Las consecuencias del centralismo franquista? Eso explica una parte, aunque pequeña. Para mí tengo que en los  años del tránsito de siglo, la burguesía catalana tuvo enfrente dos adversarios  que no supo sortear. El nacimiento de una pesada burocracia, y la dificultad de aceptar los nuevos paradigmas de la sociedad financiera y de la globalización.

En términos políticos, el nivel de autonomía alcanzado por Catalunya puede resultar satisfactorio. Pero en términos de negocio, aguantar en la chepa de la empresa a un funcionario, o a un negociado entero, es incómodo, además de costoso. Paradójicamente, cuando el funcionario estaba en  Madrit la libertad de actuación era mayor: ojos que no ven, corazón que no siente. Es verdad que una administración más cercana es más sensible a los problemas pero también más propicia a las subvenciones y de siempre se ha sabido que con subvenciones se hacen negocios, no empresas.

El segundo, y más importante, obstáculo para el avance económico de Catalunya en los últimos veinte años ha sido la inadaptación de la burguesía industrial a los nuevos paradigmas impuestos por la globalización comercial y el capitalismo financiero.

La hasta hace bien poco llamada, y muy denostada por los buenos viejos industriales, ingeniería financiera ha impuesto sus criterios. Unos criterios que guardan poca relación con los principios sobre los que desde hace casi doscientos años se ha ido construyendo la xarxa empresarial catalana: propiedad familiar, crecimiento orgánico, rechazo de la Bolsa.

Contra lo que se cree en el empresariado catalán, para construir una autopista no hace falta cemento ni aslfalto, sino dinero. Y por supuesto, no dinero en metálico ni en un crédito a largo plazo, sino ese dinero que permite ser empaquetado y colocado por todo el mundo antes aún de que la autopista comience a ser construida.

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.