11 ene 2011 2
Amancio Ortega en el país de los camareros (I)
Seguramente es el mejor empresario que ha dado España en el último siglo y medio. Hacen falta mucha gente como él, que monte empresas y no negocios. Su jubilación obliga a plantearse una pregunta: ¿Por qué en España no hay una docena de Amacios Ortega?
Desde cero levantó Inditex, el más importante grupo textil del mundo: el gran mérito profesional de Amancio Ortega es que lo ha conseguidó en un entorno económico que mayoritariamente produce camareros. Adelanto que, como todo trabajo humano desempeñado con honradez y competencia, el de camarero es un oficio tan digno de respeto como del mejor neurocirujano. Con todo, servir las cañas y cafés que piden los clientes de una barra o de una terraza es un oficio sin futuro económico por la sencilla razón de que no es escalable. Me explico.
El negocio de la hostelería, que tras la caída del inmobiliario vuelve a ser el más importante de España, es un negocio intensivo en capital humano. Un camarero puede atender, digamos, diez mesas; si el negocio va bien y su propietario quiere aumentarlo con otras diez mesas, debe alquilar más espacio, comprar una cafetera adicional y contratar otro camarero y así indefinidamente: el último café vendido tiene, prácticamente el mismo coste, sobre todo salarial, que el primero.
Por el contrario el modelo de negocio de todas las empresas filiales de Inditex se fundamenta en que el costo de diseñar, fabricar y vender de una camisa es menor a medida que se fabrican y venden mayor número de camisas de un mismo modelo. Para vender, digamos, cien camisas hace falta un empleado, pero para vender mil no hacen falta diez empleados, sino ocho y para vender cien mil, la proporción sigue bajando.
En definitiva Inditex es una empresa y lo que abundan en España son negocios del sector servicios, intensivos en capital humano y con una limitada capacidad de crecimiento; el virus afecta no solo a los camareros, sino también a abogados, profesores, publicitarios, taxistas, consultores, pilotos y, hasta ahora, albañiles. La limitación de este modelo castizo es que la legítima mejora de sueldos a la que todo el mundo aspira se refleja de inmediato en inflación y pérdida de competitividad: si un café con leche es más caro en España que en Grecia, el turista preferirá Grecia.
¿Por qué España ha dado tan pocos empresarios como Amancio Ortega? Es la pregunta del millón de euros. Mi contestación provisional y resumida es que la dictadura resultante de la Guerra Civil 1936-39 provocó que las burguesías industriales del País Vasco y Cataluña vivieran tranquilas concentradas en el mercado interior, enriqueciéndose al socaire del proteccionismo franquista, y cuando llegó la hora de la apertura al exterior las empresas textiles y de maquinaria ya se habían quedado obsoletas. Quizás haya docena y media de excepciones a lo que digo.
En la actualidad, las propuestas de los jóvenes emprendedores españoles andan siempre cerca de ese modelo de economía de servicios, que aunque ahora esté basado en Internet no produce economías de escala. Seguramente también hay propuestas en la mejor dirección, pero estas no encuentran capital.
Permanezcan atentos a la pantalla, que seguiré informando.
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