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Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

¿Por qué no olvidamos la guerra civil?

Ni Estados Unidos ni España olvidan sus respectivas guerras civiles.

¿Por qué todavía estamos luchando en la Guerra Civil?. La interminable batalla  sobre las verdaderas causas de la guerra hace llorar. Podría ser el título de cualquier libro sobre la guerra española 1936-39 con aspiraciones de best-seller,  pero resulta que así titula la revista Time su tema de portada de esta semana. Se acaban de cumplir el 150 aniversario de la guerra civil norteamericanal, llamada también de secesión, pero un semanario serio, con aspiraciones de ir al fondo del soul americano, sostiene que siglo y medio no ha sido plazo suficiente para olvidar.

Para los españoles, esa constatación americana puede resultar lenitiva: al fin y al cabo solo se acaban de cumplir 72 años del fin de las operaciones militares de la Guerra Civil y si los americanos no han olvidado es hasta cierto punto comprensdible que los españoles tampoco lo hayan hecho. O sea que en este punto somos tan malos como cualquiera.

En verano de 1977 el Presidente de las Asociación de Estudiantes Republicanos de  Harvard University nos enseñaba la Universidad a Fernando Barrena (q.e.p.d.) Joan Tapia, Paco Mora y un servidor. Al llegar a la capilla multiconfesional el cicerone nos hizo notar que varias lápidas recordaban a los alumnos muertos en la Primera y Segunda guerras mundiales, sin importar la nacionalidad ni el bando por el que combatían: americanos, italianos, janposenes, alemanes… Pero en la placa que recordaba a los caídos en la Guerra de Secesión sólo figuraban los estudiantes del Norte, sin la más mínima mención a los del Sur o confederales.

Como en posteriores visitas a Harvard no he tenido tiempo, ni  memoria, para comprobar si el agravio seguía vivo, le pediré a Pedro Nueno, que pasa un tercio de su vida por allí, que me haga el favor de confirmar que rebus sic stantibus. Sea cual sea la respuesta, lo cierto es que las guerras civiles marcan por siglos la historia y el recuerdo de la sociedad que los ha padecido. Un recuerdo, todo el mundo lo sabe, estéril y dañino, pues ni los muertos resucitan, ni las crueldades padecidas se alivian. Solo el perdón sirve, como recuerda Alan Joffé en la película There be dragons. Por eso, de todas  la política del Presidente Rodriguez Zapatero, me ha parecido la peor esta de  soplar en los rescoldos para que no se apagaran los malos recuerdos ni la mala sangre de la sociedad española, cuando la Transición ya había puesto fin a las cuentas pendientes.

PS. Me he tomado la licencia periodística de, en el título de Time, suprimir a Lincoln. El título completo es este: ¿Por qué todavía estamos pelendo en la guerra civil?. La interminable batalla sobre las verdadera causa de la guerra haría llorar a Lincoln. En España no hay un padre de la patria al que referirse.

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.