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Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

Camino de perdición, económica por supuesto

Después de las elecciones de mayo, muchos gobiernos autonómicos empezarán a cantar la gallina de sus cuentas verdaderas. El conflicto con el Estado está asegurado y se  teme que enfrascados en luchas internas, se olviden las obligaciones frente al exterior.

El Govern de la Generalitat echa las muelas porque  Madrit ha rechazado su plan de austeridad que contemplaba una reducción de solo el 10 por ciento cuando el Gobierno de España exige el doble: un 20 por ciento. Ruego al público que preste atención porque estamos, nada más y nada menos, ante la primera escaramuza de la gran guerra que sobre la distribución del gasto público que se librará dentro de este mismo año y que, si no sucede un milagro, acabará por arruinar la entera economía española.

La historia es sencilla. La Unión Europea exige al Gobierno español que reduzca drásticamente su déficit, es decir la diferencia entre lo que gasta y lo que ingresa. Si no lo hace, no habrá nadie que prestará dinero a España y el Estado se quedará sin recursos para pagar a los funcionarios, las medicinas, los parados, etc.

Ocurre que  mas de la mitad de los ingresos del Estado español se envía por diferentes caminos a las Comunidades Autónomas y ocurre que estas Comunidades también gastan mas de lo que ingresan y, por tanto, el Gobierno de España ha determinado la cifra de ahorro en el déficit que les corresponde a cada una para atender las exigencia de Bruselas y, a más a más, les pide la concreción de los planes de ahorro.

Cataluña ya ha remitido su plan y en Madrit se lo han devuelto a los corrales. Las demás comunidades también lo habrán hecho y aparentemente han sido aprobados, lo cual no deja de ser sospechoso porque hay algunas como Valencia o Andalucía que comparten con Cataluña el déficit excesivo y si se han aprobado sus planes es porque a) las cifras están falseadas, como las falseó el anterior Govern de la Generatitat; o b) Porque el Partido Socialista reinante no quiere pejudicar aún más a sus correligionarios andaluces y castellano machegos.

En cualquier caso, la lógica apunta que será después de las elecciones autonómicas y municipales del mes de mayo cuando todas las autonomías canten la gallina, bien porque se produzca como en Cataluña un cambio de partido gobernante, bien porque no quede un solo euro en el cajón.  Y ahí llegará el conflicto definitivo: el Gobierno de España tiene la cartera porque recauda los impuestos y le resultará fácil cortatr el grifo si las comunidades no cumplen lo previsto y ordenado por Bruselas/Madrid; las comunidades cuentan con la razón política pues sin importar cual sea la razón de la falta de dinero, lo más fácil resultará echar la culpa de todo a Madrid.

Las primeras reacciones del Govern de la Generalitat de Catalunya (al que ya se le ha cerrado el mercado mayorista de dinero) al rechazo de sus planes por parte del Gobierno de España, hacen temer el peor escenario posible, pues en una batalla en la que ambas partes tendrán razón, será difícil impedir que la polvora no se gaste en disparos contra el adversario interior, soslayando la inexorabilidad de las obligaciones exteriores. Eso ya ha empezado a pasar.

 

 

Amancio Ortega en el país de los camareros (I)

Seguramente es el mejor empresario que ha dado España en el último siglo y medio. Hacen falta mucha gente como él, que monte empresas y no negocios. Su jubilación obliga a plantearse una pregunta: ¿Por qué en España no hay una docena de Amacios Ortega?

Desde cero  levantó  Inditex, el más importante grupo textil del mundo: el gran mérito profesional de Amancio Ortega es que lo ha conseguidó en un entorno económico que mayoritariamente  produce camareros. Adelanto que, como todo trabajo humano desempeñado con honradez y competencia, el de camarero es un oficio tan digno de respeto  como del mejor neurocirujano. Con todo, servir las cañas y cafés que piden los clientes de una barra o de una terraza es un oficio sin futuro económico por la sencilla razón de que no es escalable. Me explico.

El negocio de la hostelería, que tras la caída del inmobiliario  vuelve a ser el más importante de España, es un negocio intensivo en capital humano.  Un camarero puede atender, digamos, diez mesas; si el negocio va bien y su propietario quiere aumentarlo con otras diez mesas, debe alquilar más espacio, comprar una cafetera adicional y contratar otro camarero y así indefinidamente: el último café vendido tiene, prácticamente el mismo coste, sobre todo salarial, que el primero.

Por el contrario el modelo de negocio de todas las empresas filiales de  Inditex se fundamenta en que el costo de diseñar, fabricar y vender de una camisa es menor a medida que se fabrican y venden mayor número de camisas de un mismo modelo. Para vender, digamos, cien camisas hace falta un empleado, pero para vender mil no hacen falta diez empleados, sino ocho y para vender cien mil, la proporción sigue bajando.

En definitiva Inditex es una empresa  y lo que abundan en España son negocios del sector servicios, intensivos en capital humano y con una limitada capacidad de crecimiento; el virus afecta  no solo a los camareros, sino también a abogados, profesores, publicitarios, taxistas, consultores, pilotos y, hasta ahora, albañiles. La limitación de este modelo castizo es que la legítima mejora de sueldos a la que todo el mundo aspira se refleja de inmediato en inflación y pérdida de competitividad: si un café con leche es más caro en España que en Grecia, el turista preferirá  Grecia.

¿Por qué España ha dado tan pocos empresarios como Amancio Ortega? Es la pregunta del millón de euros. Mi contestación provisional y resumida es que la dictadura resultante de la Guerra Civil 1936-39 provocó que las burguesías industriales del País Vasco y Cataluña vivieran tranquilas concentradas en el mercado interior, enriqueciéndose al socaire del proteccionismo franquista,  y cuando llegó la hora de la apertura al exterior las empresas textiles y de maquinaria ya se habían quedado obsoletas. Quizás haya docena y media de excepciones a lo que digo.

En la actualidad, las propuestas de los jóvenes emprendedores españoles andan siempre cerca de ese modelo de economía de servicios, que aunque ahora esté basado en Internet no produce economías de escala. Seguramente también hay propuestas en la mejor dirección, pero estas no encuentran capital.

Permanezcan atentos a la pantalla, que seguiré informando.

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.