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Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

Ford ya ha hecho su reforma laboral… Y funciona

Los fabricantes multinacionales de coches mantienen empleos en España y exportan el 90 por ciento de su producción. ¿El secreto de este éxito? Las empresas y sus trabajadores han aplicado y puesto en marcha la reforma laboral que no aceptan los sindicatos para el conjunto de la economía.

¡Por fin hay buenas noticias!. Cuando toda la industria de España anda por los suelos, cuando las multinacionales cierran y se marchan al Este de Europa, una empresa tan global como el fabricante de coches Ford no solo decide quedarse en España, sino que también aumenta su capacidad de producción y garantiza la carga de trabajo con dos nuevos modelos –Kuga y Transit Connect– para la planta valenciana de Almusafes.

Ya digo que es una noticia excelente y de la que todos deberían sacar consecuencias: Ford se queda porque la filial española y sus sindicatos han llegado a un acuerdo sobre todos los puntos negros que impiden la reforma laboral en España. Los trabajadores aceptan flexibilidad de horarios, aceptan asumir nuevas competencias, aceptan acomodar sus remuneraciones a la situación de las ventas… Y la empresa acepta mantener la plantilla y suprimir los contratos temporales…

… En otras palabras, los sindicatos y la empresa de Ford Almusafes han aceptado compartir con la empresa los vaivenes de la coyuntura. ¿Esquiroles? ¿Sindicatos amarillos? No: sencillamente los sindicatos sabían que en si no cedían en su inmovilismo, Ford Almusafes estaba condenada a muerte y sus trabajadores al paro. Los trabajadores han aceptado una flexibilidad –de horarios, de remuneraciones, de movilidad– que es justamente lo que no han aceptado Mendez ni Fernandez Toxo en la macronegociación con CEOE y Gobierno.

La inversión de Ford ha sido justamente aireada, porque es la mejor noticia económica del año y hay que disfrutarla. Pero antes de que en Ford se llegara al acuerdo que permitió aumentar los puestos de trabajo, se habían firmado convenios similares —con variaciones que se adaptaban a las necesidades de cada empresa– en Opel General Motors de Zaragoza, en Audi Seat de Barcelona, en Fasa Renault de Valladolid, Nissan en Barcelona, y en Citroen de Vigo. La industria del automovil en España es, hoy y en medio de la terrible crisis, una isla de competitividad y exporta el 90 por ciento de su producción. Si el conjunto de la industria nacional fuera como el sector del automóvil, en España no habría crisis.

La razón de este éxito es que los fabricantes de coches ofrecen su importante capacidad de crear y mantener empleos, a cambio de que los trabajadores se adecuen a las circunstancias de la competencia. Si no se llega a un acuerdo, la carga de trabajo que hoy reciben las fábricas españolas se derivaría a otros países, ansiosos de fabricar coches.

Si en España entera hubiera una flexibilidad como la que han conseguido los fabricantes de coches, ni habrían cerrado tantas empresas, ni el desempleo alcanzaría los cinco millones de personas. Los únicos despedidos serían los compañeros Mendez y Fernandez Toxo, quizás por eso no quieren llegar a un acuerdo.

 

Acuerdo social y económico, nada por aquí, nada por allá

Frente al texto  del Acuerdo Social y Económico alcanzado por Gobierno, patronales y sindicatos, la literatura de los folletos explicativos que acompañan a las medicinas es ejemplo de inteligibilidad, claridad y concisión.

Empezando por las cifras: de las 40 páginas que ocupa el llamado Acuerdo Social y Económico que están a punto de firmar sindicatos, patronal y gobierno solo vale la pena leer las once  correspondientes al primer apartado. Ahí se plantean las medidas concretas de reformar de las pensiones. Sin novedad alguna, pues el texto ya se conocía desde que hace un año lo remitió el Gobierno a la Comisión Europea, pero viejo o nuevo, al menos se pormenoriza lo pactado. Esa será la buena noticia preparada  para la inminente visita de la Canciller Alemana: Rodriguez Zapatero cumple lo anunciado, tarde, pero lo cumple.

Las 29 páginas restantes pueden enviarlas al reciclador más próximo porque constituyen un alarde de literatura vacua, farragosa y burocrática.El texto se pierde entre la constatación de lo obvio, la remisión a futuras negociaciones y la puesta en común del buenismo más utópico. Nadie se compromete a nada.

No tendría mayor importancia si no se tocaran asuntos decisivos para el futuro, como la reforma de la negociación colectiva, sobre la que  las patronales y sindicatos abajos firmantes se comprometen “al desarrollo de un proceso de negociación, que tomará en consideración a efecto de su duración, la fecha del 19 de marzo de 2011 contemplada en la Ley 35/2010″… Y eso que “ya con anterioridad se había venido constatando la necesidad de acometer esta reforma. A este respecto debe citarse, como antecedentes más inmediatos, la Declaración para el Diálogo Social de 2004″… Es decir que hace ya siete años se había “constatado la necesidad de acometer esta reforma” , a pesar de lo cual no se había hecho nada y ahora el único compromiso es el de sentarse a negociar… Las cosas de palacio van despacio, pero estos párrafos apestan a irresponsabilidad.

Seguramente la ampulosa farragosidad del dichoso Acuerdo responde a la necesidad de enmascarar la dolorosa concreción de la rebaja de las pensiones en la hojarasca de unas reformas que abarcan todo lo abarcable, pero en las que se renuncia a concretar nada. Por lo demás, son reformas – la de las políticas activas de empleo, la de la negociación colectiva, la de la energía e industria…-, que deberían de estar hechas hace tiempo, y el que no haya sido así es responsabilidad de los abajofirmantes, particularmente el Gobierno.

Una perla final: en las dos páginas dedicadas a la reforma energética en ningún momento aparecen las palabras nuclear ni petróleo… Se les debió de olvidar.

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.