2 feb 2011 2
Acuerdo social y económico, nada por aquí, nada por allá
Frente al texto del Acuerdo Social y Económico alcanzado por Gobierno, patronales y sindicatos, la literatura de los folletos explicativos que acompañan a las medicinas es ejemplo de inteligibilidad, claridad y concisión.
Empezando por las cifras: de las 40 páginas que ocupa el llamado Acuerdo Social y Económico que están a punto de firmar sindicatos, patronal y gobierno solo vale la pena leer las once correspondientes al primer apartado. Ahí se plantean las medidas concretas de reformar de las pensiones. Sin novedad alguna, pues el texto ya se conocía desde que hace un año lo remitió el Gobierno a la Comisión Europea, pero viejo o nuevo, al menos se pormenoriza lo pactado. Esa será la buena noticia preparada para la inminente visita de la Canciller Alemana: Rodriguez Zapatero cumple lo anunciado, tarde, pero lo cumple.
Las 29 páginas restantes pueden enviarlas al reciclador más próximo porque constituyen un alarde de literatura vacua, farragosa y burocrática.El texto se pierde entre la constatación de lo obvio, la remisión a futuras negociaciones y la puesta en común del buenismo más utópico. Nadie se compromete a nada.
No tendría mayor importancia si no se tocaran asuntos decisivos para el futuro, como la reforma de la negociación colectiva, sobre la que las patronales y sindicatos abajos firmantes se comprometen “al desarrollo de un proceso de negociación, que tomará en consideración a efecto de su duración, la fecha del 19 de marzo de 2011 contemplada en la Ley 35/2010″… Y eso que “ya con anterioridad se había venido constatando la necesidad de acometer esta reforma. A este respecto debe citarse, como antecedentes más inmediatos, la Declaración para el Diálogo Social de 2004″… Es decir que hace ya siete años se había “constatado la necesidad de acometer esta reforma” , a pesar de lo cual no se había hecho nada y ahora el único compromiso es el de sentarse a negociar… Las cosas de palacio van despacio, pero estos párrafos apestan a irresponsabilidad.
Seguramente la ampulosa farragosidad del dichoso Acuerdo responde a la necesidad de enmascarar la dolorosa concreción de la rebaja de las pensiones en la hojarasca de unas reformas que abarcan todo lo abarcable, pero en las que se renuncia a concretar nada. Por lo demás, son reformas – la de las políticas activas de empleo, la de la negociación colectiva, la de la energía e industria…-, que deberían de estar hechas hace tiempo, y el que no haya sido así es responsabilidad de los abajofirmantes, particularmente el Gobierno.
Una perla final: en las dos páginas dedicadas a la reforma energética en ningún momento aparecen las palabras nuclear ni petróleo… Se les debió de olvidar.
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