12 abr 2010 4
Uno de cada cuatro españoles da de comer al resto
En este mundo capitalista trufado de socialdemocracia la distribución del trabajo está clara: el sector privado (empleados, empleadores y empresas) crea riqueza y el Estado (políticos y funconarios) la redistribuye. Y tan claro como eso es que en España cada vez se crea menos riqueza y hay mas perceptores de la redistribución.
Algunos números crudos, un poco alejados del análisis convencional, pero reales como la vida misma: entre marzo del año pasado y de este año han desaparecido medio millón de cotizantes a la Seguridad Social, que han pasado de casi 18 millones a solo 17,5, número decreciente, al que más a más hay que restar los 2,6 millones de funcionarios públicos, cuya cotización es cubierta con dinero público, previamente cobrado al sector privado; igualmente hay que restar a los 4,1 millones de trabajadores en paro, cuya cotización también paga el Estado; y a ese mundo sindical-gubernamental que entre subvenciones estatales y liberados bien puede estar por el medio millón de personas. Total que esos decrecientes 17,5 millones de cotizantes se quedan en 10,2 millones de creadores de riqueza, con los que se cuenta para afrontar no solo un número afortunadamente creciente (por aquello del alargamiento de la vida) de pensionistas, sino todos los gastos del Estado en sus diferentes niveles.
Esa es, señores, la profunda realidad de la sociedad y de la economía españolas: algo menos de la cuarta parte de la población total soporta las necesidades materiales (reales unas, artificiales muchas) del resto. Ese modelo, se diga lo que se quiera, no es en absoluto sostenible. Y la prueba de lo que digo es que el Estado, disminuídos sus ingresos habituales, recurre a la deuda. Nadie debe extrañarse que España sea el miembro de la UE que aumenta su deuda pública a mayor velocidad.
No se trata de establecer una frontera cuasi xenófoba entre currantes y chupópteros, sino de aportar algo de luz sobre un problema que muchas veces queda escondido por una maraña de cifras, tan reales como las comentadas pero menos globales. Desde luego que hay cuestiones intocables como el derecho a la pensión de quien ha trabajado y cotizado durante treinta o cuarenta años, pero al paso que vamos este sistema se convertirá una gigantesca estafa piramidal tipo Gescartera o Forum Filatéico: los fondos que aportan los recien llegado sirven para retribuir las rentabilidades de los más antiguos… Hasta que deja de haber nuevas aportaciones y todo el mundo pierde lo que creía tener.
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