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Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

Uno de cada cuatro españoles da de comer al resto

En este mundo capitalista trufado de socialdemocracia la distribución del trabajo está clara: el sector privado (empleados, empleadores y empresas) crea riqueza y el Estado (políticos y funconarios) la redistribuye. Y tan claro como eso es que en España cada vez se crea menos riqueza y hay mas perceptores de la redistribución.

Algunos números crudos, un poco alejados del análisis convencional, pero reales como la vida misma: entre marzo del año pasado y de este año han desaparecido medio millón de cotizantes a la Seguridad Social, que han pasado de casi 18 millones a solo 17,5, número decreciente, al que más a más hay que restar los 2,6 millones de funcionarios públicos, cuya cotización es cubierta con dinero público, previamente cobrado al sector privado; igualmente hay que restar a los 4,1 millones de trabajadores en paro, cuya cotización también paga el Estado; y a ese mundo sindical-gubernamental que entre subvenciones estatales y liberados bien puede estar por el medio millón de personas. Total que esos decrecientes 17,5 millones de cotizantes se quedan en 10,2 millones de creadores de riqueza, con los que se cuenta para afrontar no solo un número afortunadamente creciente (por aquello del alargamiento de la vida) de pensionistas, sino todos los gastos del Estado en sus diferentes niveles.

Esa es, señores, la profunda realidad de la sociedad y de la economía españolas: algo menos de la cuarta parte de la población total soporta las necesidades materiales (reales unas, artificiales muchas) del resto. Ese modelo, se diga lo que se quiera, no es en absoluto sostenible. Y la prueba de lo que digo es que el Estado, disminuídos sus ingresos habituales, recurre a la deuda. Nadie debe extrañarse que España sea el miembro de la UE que aumenta su deuda pública a mayor velocidad.

No se trata de establecer una frontera cuasi xenófoba entre currantes y chupópteros, sino de aportar algo de luz sobre un problema que muchas veces queda escondido por una maraña de cifras, tan reales como las comentadas pero menos globales. Desde luego que hay cuestiones intocables como el derecho a la pensión de quien ha trabajado y cotizado durante treinta o cuarenta años, pero al paso que vamos este sistema se convertirá una gigantesca estafa piramidal tipo Gescartera o Forum Filatéico: los fondos que aportan los recien llegado sirven para retribuir las rentabilidades de los más antiguos… Hasta que deja de haber nuevas aportaciones y todo el mundo pierde lo que creía tener.

¿SOY UN CENIZO? ¿UN AGUAFIESTAS, TAL VEZ?

Hace un rato, durante mi cotidiana intervención en “La mañana de la Cope” el director, Nacho Villa, se ha visto obligado a aclarar que habitualmente soy persona de caracter optimista y guasón. Por lo visto le preocupaba que ante mis negra descripción del futuro económico, la audiencia pensara que un servidor es un desaborío que todo lo ve mal.

Como al jefe nunca se le debe llevar la contraria, inmediatamente después de cerrar el micrófono he empezado una revisión autocrítica. Desde luego soy optimista, y la mejor prueba es que mi mujer y yo tenemos nueve hijos y está de camino la octava nieta: no conozco a ningún cenizo padre de familia numerosa. De hecho al ver la calidad humana, académica y profesional de mis nueve angelitos y de sus respectivos conyuges y novias (¡que bien me hablan todos el inglés!) y la que apuntan sus retoños, no me cabe duda: puesto que lo más valioso de la sociedad son sus hombres y mujeres, España está condenada al éxito económico y social.

Como al mismo tiempo estoy persuadido de que los próximos cuatro o cinco años van a ser durísimos en términos económicos y muy problemáticos en armonía social, debo concluir que soy una combinación de optimista estructural y pesimista coyuntural.

He dado las razones del optimismo, ahora paso a apuntar las del pesimismo: con su pasividad en política económica, el Gobierno está ennegreciendo el futuro de todos los españoles. ¿Pasividad? ¿En qué?:

1) Reforma laboral. ¿Hace cuanto tiempo que el Gobierno convocó a sindicatos y empresarios para impedir la tragedia de que uno de cada cinco trabajadores está en paro?. Sin hablar del coste del despido, ni de contrato laboral único, hay unos cuantos temas como la negociación colectiva empresa por empresa, la participación de la empresas de trabajo temporal para casar demandas y ofertas de trabajo que ya podían estar listos y aclarando un poco tan negro panorama, pero ni están si se les espera;

2) El déficit público. La economía española registró el año pasado mayor déficit público de su historia, record tan triste acarrea dos consecuencias:a) que los bancos y cajas dejen todo el dinero disponible al Gobierno, Autonomías y Ayuntamientos, impidiendo por tanto que los particulares y empresas reciban créditos; b) que cada vez son mas los intereses que hay que pagar por el dinero que prestan al Estado, con lo cual será progresivamente dificil reducir ese déficit. El Gobierno ha presentado un plan de reducción de tan peligroso descuadre, la Comisión Europea ha respondido que está de acuerdo con el objetivo, pero que es demasiado optimista en los cáculos y demasiado generalista en los medios para conseguirlos. De momento, en enero y febrero el déficit público se ha disparado (menos 7.000 millones en 2010, frente a menos 70 millones en 2009). El Secretario de Estado de Hacienda recuerda al entrenador de fútbol ante la derrota en un amistoso de pretemporada: los datos no son significativos para el conjunto del año. Pues será así, pero la afición (incluidos acreedores internacionales) se mosquea cuando se empeiza por perder los partidos amistosos;

3) El lío de las Cajas de Ahorro. La Comisión Europea ha prorrogado hasta junio el plazo del Gobierno para sanear y reorganizar el sector financiero (sobre todo las cajas de ahorro). Todavía no se ha hecho nada: ningún plan autorizado, ninguna subvención concedida…Hasta que una buena mañana una caja no abra sus puertas y el pánico se apodere de todos los ánimos y de todos los bolsillos.

4) El Presidente del Gobierno anunció a principios de año y ante un selecto público internacional que la edad de jubilación se retrasaría progresivamente de 65 a 67 años. Fuese y no hubo nada. Para tranquilizar (¿?)el Ministro de Trabajo dice que tal y como está, el actual sistema de pensiones durará quince años más y que, por si acaso, el tiene un plan privado complementario (el Presidente del Gobierno tiene tres planes privados). Pero como no se hace nada, dentro de quince años no habrá pensiones para nadie.

5) Gastos Sanitarios. Otra bomba de relojería. El aumento de esperanza de vida desde 65 a 81 años sin modificar la financiación del sistema, convierten al Sistema Nacional de Salud en un monstruo financieramente insostenible. Frente a unos gastos que cada año aumentan y ya van por 62 mil millones de euros anuales, Gobierno y Autonomías han acordado un recorte de 1.500 millones bajando los precios de las medicinas. Menos da una piedra, pero ya se ve que frente a semejantes gastos, con tales ahorros no saldremos de pobres.

Me gustaría que, por el bien de todos, el Gobierno pusiera en marcha medidas acertadas. Como eso resulta extraordinariamente difícil, me conformaría con que fueran unas acertadas y otras equivocadas, pero lo que me preocupa y deprime es ver al Gobierno en lugar de decidir, monta comisiones para las que convoca reuniones a las que acude con las manos en los bolsillo, sin una sola propuesta seria y para escuchar las opiniones de la peña mientras los foteros tiran unas placas.

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.