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Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

Tres lecciones del (casi) cierre de VeoTV

El que la hace, la paga, si es privado. VeoTv, el canal televisivo del grupo Unidad Editorial/El Mundo perseguía un objetivo imposible: establecerse como canal de televisión generalista en tiempos de crisis económica. Ese error le va a costar una partida de millones a los accionistas italianos del Grupo Rizzoli, propietario de Unidad Editorial. A las pérdidas ya incurridas, habrá que sumar los costes de reestructuración de personal. Me dicen que a partir de octubre la nueva programación se centrará en programas de bajo coste: análisis de actualidad, entrevistas, películas no premium… Economía de guerra para la supervivencia.

Nunca es grato ver una empresa con problemas, pero a la inmensa mayoría del común el asunto les resulta indiferente: los que decidieron lanzar Veo Tv serán los que paguen los platos rotos del fracaso. Dura lex, sed lex: así es la economía de mercado. Pero frente a esa realidad de que el que la hace la paga, tenemos las de las televisiones de propiedad estatal/autonómica/municipal que tienen menos viabilidad que un submarino en un desierto, que incurren en pérdidas muy superiores a las de VeoTv, pero siguen emitiendo porque cuentan con la inagotable cartera de los contribuyentes.

2. Los favores del poder.En el primer trimestre de esta 2011 los ingresos publicitarios de VeoTV fueron de 6 millones de euros, según Infoadex, que cita El País. Aunque insuficiente para mantener una televisión, mil millones de pelas son siempre una cifra respetable… Pero que se queda en poco frente a los ingresos que le producía a VeoTv el alquiler de los dos canales que no utilizaba, uno a la multinacional Sony (por el que se emite AXN) y otro a Canal 13, cuyo accionista principal es la Conferencia Episcopal.

Es decir que Unidad Editorial tenía cuatro canales de televisión digital (un multiple, en la jerga profesional), de los que explotaba directamente dos, y otros dos los alquilaba. Puede que finalmente la operación VeoTv haya resultado finacieramenter empatada porque el agujero de los canales de explotación propia, se compensaba con los ingresos del alquiler de los otros dos.

Unidad Editorial  era propietaria de ese múltiple en virtud de decisión discrecional del Gobierno, que en aquel momento presidía José Luis Rodríguez Zapatero. Es decir que Unidad Editorial recibió  gratis et amore unas concesiones que en términos económicos equivalen al regalo de unos cuantos pisos.Por supuesto que  además de Unidad Editorial hay otros cuantos beneficiados de una decisión arbitraria del Gobierno o de diferentes comunidades autonomas, y si utilizo el ejemplo de Unidad Editorial es para señalar que, en el fondo, el sector de la televisión y en muy buena medida también el radiofónico, cuyas licencias también se reparten en función de la dialéctica amigos-adversarios, están viciados en origen para servir a la sociedad sobre la que emiten.

Para mí tengo que ese vicio original explica en mucha parte el hecho, socialmente arrasador, de que los medios de comunicación olviden su papel de puente entre el común sociedad y la superestructura político-empresarial, para pasar a ser una parte de esa superestructura: han dejado se comunicar aspiraciones de abajo hacia arriba para transmitir consignas de arriba hacia abajo.

El éxito no siempre es escalable. VeoTv se lanzó desde la plataforma del éxito alcanzado por El Mundo. Sus firmas más conocidas simultanearon el papel con la televisión. El fiasco debe llevar a la conclusión de que el éxito periodístico no es una mercancía que se pueda llevar de un medio a otro distinto. Por decirlo con lenguaje del momento, el éxito no es escalable.

La prensa es un medio minoritario cuyos lectores esperan que las noticias de cada día sean puestas en contexto de antes, después, etc., mientras que la televisión es un medio masivo en el que la audiencia lo que busca es entretenimiento. El Mundo cuenta con buenos columnistas que, mejor o peor, analizan y comentan la actualidad. Pero no imagino a ninguno de ellos presentando cualquiera de los programas basura que cotidianamente ofrece la televisión.

 

¿Cómo ligar los salarios de los camareros a su productividad?

La economía española no está en condiciones  de adoptar el principio de ligar salarios con productividad,  porque sus peculiaridades  obligan a que cualquier crecimiento de productividad se derive de  una reducción salarial.

Ligar salarios y productividad. Seguramente no existe principio económico más razonable para mantener los equilibrios fundamentales de una economía. Esos equilibrios que ahora ha perdido Europa y particularmente España. Un buen criterio que, además, ha sido promovido por quien puede hacerlo, Angela Merkel,  la superjefa de la gran economía europea, Alemania.

El país que siguiera ese criterio, tendría en poco tiempo un horizonte económico despejado, porque con la productividad  creciendo por encima de los salarios, aumentaría también la competitividad internacional, las exportaciones provocarían el crecimiento económico y con el crecimiento se alcanzaría la posibilidad de saldar las deudas. Total que como diría un castizo: ligar los salarios a la productividad tiene más cualidades que el Aloe Vera.

La mala noticia es que la economía española no está en condiciones  económicas ni sociales para adoptar un principio tan elemental, por la sencilla razón de que sus características le obligan a que cualquier crecimiento de productividad se produzca mediante una reducción salarial. El mejor ejemplo de lo que  quiero decir se encuentra en el turismo, la llamada primera industria nacional.

No es lo mismo un bar que una fábrica

Según cifras recientes del Instituto Nacional de Estadística, en España hay un millón de camareros, personas cuyo trabajo consiste en preparar y llevar alimentos y bebidas de una cocina a una mesa o a una barra. ¿Cómo puede un camarero, o una empresa de hostelería, aumentar su productividad? En una factoría industrial siempre es posible automatizar más los sistemas o, incluso, poner turnos de 24 horas, de forma que casi con la misma máquina y un equipo que la controle se puede doblar la producción. Pero la hostelería, al fin y al cabo un servicio, es muy distinta de la industria: cualquier aumento de producción pasa por una inversión casi equivalente, de forma que la productividad sigue estancada… Y en España hay más bares que fábricas, o dicho por lo fino más sector servicios que industria.

Y el gran problema de la economía española estriba precisamente ahí: que es una economía de servicios o, como a veces se dice con cierto derrotismo, somos un país de camareros. Y es que efectivamente en una economía de servicios turísticos hay poco valor añadido y comporta la permanente amenaza de la inflación: si el café que hoy vale un euro y mañana cuesta dos, no se debe a una mejora del café, sino sencillamente a una pérdida de valor de la moneda. Es una productividad engañosa, de la misma forma que tampoco es real el eventual aumento salarial que es a la vez causa y efecto de la subida del precio del café.

Ya lo dijo Krugman

Antes que Angela Merkel pusiera a la economía española entre la espada del euro y la pared de la paupérrima  productividad, el omnipresente Premio Nobel de Economía, Paul Krugman ya diagnosticó el problema español: para recuperar productividad y estabilidad, la economía en su conjunto (precios, salarios, etc.etc) debería devaluarse en un 20 por ciento… Proceso doloroso, además de lento, pero cuya velocidad, rebus sic estantibus marcará la velocidad de salida de la crisis.

¿Se imagina alguien a los sindicatos españoles aceptando rebajas salariales reales?. El que tenga una respuesta afirmativa que pida hora en el psquiatra, porque evidentemente su actividad cerebral necesita ayuda médica: si los sindicatos no han aceptado reformas menos importantes, desde luego que no van a aceptar una vinculación directa entre salarios y productividad.

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.