21 feb 2011 4
¿Cómo ligar los salarios de los camareros a su productividad?
La economía española no está en condiciones de adoptar el principio de ligar salarios con productividad, porque sus peculiaridades obligan a que cualquier crecimiento de productividad se derive de una reducción salarial.
Ligar salarios y productividad. Seguramente no existe principio económico más razonable para mantener los equilibrios fundamentales de una economía. Esos equilibrios que ahora ha perdido Europa y particularmente España. Un buen criterio que, además, ha sido promovido por quien puede hacerlo, Angela Merkel, la superjefa de la gran economía europea, Alemania.
El país que siguiera ese criterio, tendría en poco tiempo un horizonte económico despejado, porque con la productividad creciendo por encima de los salarios, aumentaría también la competitividad internacional, las exportaciones provocarían el crecimiento económico y con el crecimiento se alcanzaría la posibilidad de saldar las deudas. Total que como diría un castizo: ligar los salarios a la productividad tiene más cualidades que el Aloe Vera.
La mala noticia es que la economía española no está en condiciones económicas ni sociales para adoptar un principio tan elemental, por la sencilla razón de que sus características le obligan a que cualquier crecimiento de productividad se produzca mediante una reducción salarial. El mejor ejemplo de lo que quiero decir se encuentra en el turismo, la llamada primera industria nacional.
No es lo mismo un bar que una fábrica
Según cifras recientes del Instituto Nacional de Estadística, en España hay un millón de camareros, personas cuyo trabajo consiste en preparar y llevar alimentos y bebidas de una cocina a una mesa o a una barra. ¿Cómo puede un camarero, o una empresa de hostelería, aumentar su productividad? En una factoría industrial siempre es posible automatizar más los sistemas o, incluso, poner turnos de 24 horas, de forma que casi con la misma máquina y un equipo que la controle se puede doblar la producción. Pero la hostelería, al fin y al cabo un servicio, es muy distinta de la industria: cualquier aumento de producción pasa por una inversión casi equivalente, de forma que la productividad sigue estancada… Y en España hay más bares que fábricas, o dicho por lo fino más sector servicios que industria.
Y el gran problema de la economía española estriba precisamente ahí: que es una economía de servicios o, como a veces se dice con cierto derrotismo, somos un país de camareros. Y es que efectivamente en una economía de servicios turísticos hay poco valor añadido y comporta la permanente amenaza de la inflación: si el café que hoy vale un euro y mañana cuesta dos, no se debe a una mejora del café, sino sencillamente a una pérdida de valor de la moneda. Es una productividad engañosa, de la misma forma que tampoco es real el eventual aumento salarial que es a la vez causa y efecto de la subida del precio del café.
Ya lo dijo Krugman
Antes que Angela Merkel pusiera a la economía española entre la espada del euro y la pared de la paupérrima productividad, el omnipresente Premio Nobel de Economía, Paul Krugman ya diagnosticó el problema español: para recuperar productividad y estabilidad, la economía en su conjunto (precios, salarios, etc.etc) debería devaluarse en un 20 por ciento… Proceso doloroso, además de lento, pero cuya velocidad, rebus sic estantibus marcará la velocidad de salida de la crisis.
¿Se imagina alguien a los sindicatos españoles aceptando rebajas salariales reales?. El que tenga una respuesta afirmativa que pida hora en el psquiatra, porque evidentemente su actividad cerebral necesita ayuda médica: si los sindicatos no han aceptado reformas menos importantes, desde luego que no van a aceptar una vinculación directa entre salarios y productividad.
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