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Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

Santander y Morgan Stanley siguen las negociaciones inmobiliarias

 

La venta de un paquete inmobiliario del Banco Santander a un inversor extranjero sigue desarrollándose con la misma discreción con la que se empezó, aunque  los demás elementos de la operación han cambiado mucho con respecto a como se plantearon inicialmente.

Ahora ya el único negociador es Morgan Stanley, pues Cerverus y Goldman Sachs  se cayeron  poco después del verano. A las dos partes les gustaría cerrar la operación antes de fin  de año, pero no parece probable que se consiga ese objetivo, porque la posible constitución de un “banco malo” que se quede con los activos inmobiliarios de la banca, añade incertidumbre a los términos de la negociación.

También se han caído algunos activos de los más de  20.000 incluidos inicialmente en el paquete, sobre todo el suelo. Al día de hoy, el suelo en España vale menos que cero, porque al precio que se pague se debe añadir el coste de la financiación — no menos de diez años– hasta que se pueda hacer algo en él.  Es decir que en estos momentos el regalo de un solar es un regalo envenenado. Y cuando el comprador es Morgan Stanley, es decir alguien fuera del negocio promotor, no compra para desarrollar, construir y vender, sino sencillamente para darle un pase en el menor tiempo posible.

Igualmente se han  dado de baja a algunas  viviendas, unas porque tienen algún tipo de carga, como derecho preferente de compra por parte del inquilino, y otras porque ya han sido vendidas por el Santander.

En este asunto, el Banco actúa con su tradicional pragmatismo: si Morgan Stanley me pide un descuento de XX, todo lo que venda a particulares con un descuento de solo X es buena operación, luego a todo el que me quiere comprar un piso al Santander, este se lo venderá, sin mirar si está o no está dentro de lo que se negocia con Morgan Stanley

De esta forma, el paquete que inicialmente rondaba por 3.000 millones de euros, ahora se ha quedado reducido a 1.000. A pesar de ese adelgazamiento, la operación es seguida por inmobiliarios y financieros porque, de firmarse, constituiría una referencia para el resto de bancos nacionales que también quieren aligerar sus “posesiones” inmobiliarias. Se calcula que los activos inmobiliarios que al Santander le gustaría vender están contabilizados a un valor aproximado de 9.000 millones de euros

Grecia no es España, pero se parece a Martinsa-Fadesa

Aunque los jefes de gobierno europeos no lo hayan querido reconocer, el arreglo de Grecia no se diferencia en nada a una suspensión de pagos de una empresa española. El activo sin riesgo ha desaparecido.

En 2008 la inmobiliaria Martinsa-Fadesa, cotizada en Bolsa, suspendió pagos. 8.000 millones de euros en deudas, la convirtieron en la mayor suspensión de pagos de la historia de España. Parece que la empresa  está a punto de firmar un acuerdo con los acreedores que básicamente consiste en que estos se avienen a aplazar cinco años el cobro de sus deudas. Es exactamente la misma operación que los miembros de la eurozona han aprobado para Grecia: los bancos implicados se avienen a aplazar unos cuantos años el cobro de las emisiones griegas que vencen en este año y el próximo.

Si Fitch, una de las tres agencias de calificación de deuda, dice que lo de Grecia es una suspensión de pagos dice la verdad y si añade “encubierta” es porque las autoridades políticas y financieras europeas han convencido –como solo los gobiernos pueden convencer — a los bancos para que no acudan a los juzgados a presentar una demanda por impago, lo que sí ocurrió en la suspensión de Martinsa Fadesa y tantas otras inmobiliarias.

Y si Grecia ha suspendido pagos, aunque sea de forma original y oficiosa, ¿por qué no pueden suspender pagos otros países periféricos?.Hasta ahora todos los inversores entendían que la deuda emitida por cada uno de los  Estados integrados en la zona euro, por mal nombre deuda soberana, no tenían riesgo. Por eso es una novedad de primer orden el que la suspensión griega haya dejado claro que, contra lo que creía todo el mundo, pertenecer a la zona euro no es un seguro ilimitado de solvencia.

Para los inversores, el único activo sin riesgo es el bono alemán, mientras que los del resto de los países gozan de diferentes grados de seguridad de pago: desde Grecia que no tiene ninguna, hasta España cuya diferencia con el bund alemán lleva un par de semanas por encima del tres por ciento.

Esa diferencia y la incertidumbre sobre si habrá más suspensiones de pagos –al fin y al cabo, Martinsa Fadesa no fue la única insolvencia del sector inmobiliario– y sobre como se atacarán las próximas crisis financieras, lleva a la conclusión de que en este momento el funcionamiento del euro como moneda única es más o menos un cachondeo, que debe terminarse si no se quiere lo que se termine sea la zona euro.

 

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.