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Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

Pay aunque no view

Pay per view es, como todo el mundo sabe, la última fórmula para comercializar contenidos/programas de televisión. ¿Te interesa view el próximo Barça-Madrid?,  pues pay.

Es un sistema razonable, sobre todo, como es el caso ahora en España, cuando la competencia entre varios grupos y plataformas televisivas impide subir abusivamente los precios. Por su parte, las televisiones gratuitas se refugian en contenidos de bajo coste de producción que son los que se pueden financiar con los anuncios.

La gran excepción de esta fórmula en la que hay que pagar por ver programas de mucho interés o ver gratis otros de calidad limitada son las televisiones públicas: cobran por ofrecer programas tan deficientes como los de las televisiones gratuitas.

A más a más, la cuota de abono a las televisiones de propiedad estatal o autonómica es obligatoria, tan obligatoria como el Impuesto sobre la Renta o el de circulación. Según el muy reciente estudio de Deloitte en 2008 cada hogar español pagó 178 euros para sufragar el coste de las televisiones estatal y autonómicas: por ese dinero cualquier canal de pago te ofrece todos los partidos de la Liga, de la Champions, una docena de buenos estrenos cinematógraficos y barra libre en documentales.

Para más inri, las televisiones oficiales son herramientas de propaganda y autobombo de los jefes políticos. ¿Ha visto alguien alguna vez en Televisión Española un programa crítico con el Gobierno de turno? ¿Ha visto alguien alguna vez un programa autonómico que no asegure que el jefe de la autonomía es un líder histórico?. De toda la vida, la publicidad paga por llegar al consumidor, en el caso de la propaganda política en las televisiones oficiales, es el consumidor el que paga por aguantar la publicidad.

Seguramente el perdsonal no se rebela contra el abuso porque el pago es indoloro, ya que en los impresos de la nómina no se desglosa la cantidad  que cada mes se cobran Televisión Española y cía: quince eurazos del ala. Si el cobro fuera más transparente y, sobre todo,  voluntario, seguro que se acababan las grandezas para políticas.

Como no es así ya se sabe: view o no view, tienes que pay.

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.