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Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

La burbuja televisiva ya ha estallado

En España también la televisión ha vivido su particular burbuja. Durante los diez años prodigiosos (1997-2007) de la economía española, la inversión publicitaria en televisión se multiplicó por dos y en 2007 llegó a la cifra récord de 3.467 millones de euros: cuando no se anunciaban los teléfonos móviles, lo hacías las hipotecas y si no los coches. Tanta publicidad permitió la multiplicación de canales sin consecuencias graves, porque de un modo u otro había publicidad para todos.

En 2008 terminó la euforia:10 por ciento menos en publicidad televisiva. 2009 ha demostrado que los buenos tiempos tardarán en volver y todos los pronósticos coinciden en que el inminente 2010 será aún peor. Las cifras de las tres cadenas que cotizan en Bolsa no admiten dudas. En los nueve primeros meses de este año los ingresos publicitarios de Telecinco cayeron un 41,6 por ciento; mayor aún, 67,6 por ciento, fue el retroceso de Antena 3; y, en fin, la caída de los ingresos de la de Cuatro fue del 26 por ciento, sin duda porque se partía de una base de cálculo más pequeña. Los números de La Sexta no pueden haber ido mejor, aunque de esta cadena del grupo Mediapro resulta imposible obtener datos fiables.

En este escenario económicamente insostenible, que comercialmente se mueve entre guatemala y guatepeor, y con el aumento sustancial de la oferta televisiva por la inminente implantación de la televisión digital, las fusiones que se planteen con el objetivo de alcanzar o consolidar una razonable cuota de audiencia y de recortar costes representan la única vía de escape.

De hecho, la primera fusión fue cerrada el viernes 19 y afecta a Telecinco, propiedad de la italiana Mediaset, y a Cuatro y Digital+, propiedad de Prisa. El mercado espera el próximo anuncio de la segunda operación que de una forma u otra, fusionará a Antena 3, del Grupo Planeta y del italiano De Agostini, con La Sexta, del Grupo Mediapro.

Fuera parte de las consideraciones políticas  –al fin y al cabo, se supone que la televisión es algo más que un negocio – y los comentarios sobre aspectos personales -¿por qué Prisa acepta al grupo italiano Telecinco las condiciones que no admitió en negociaciones anteriores con grupo español Mediapro?-la reestructuración de la tele brinda dos reflexiones inmediatas.

La primera sobre la televisión de propiedad oficial: resulta un verdadero escarnio que mientras el sector privado, para sobrevivir, debe hacer un ejercicio continuado de equilibrismo comercial y financiero, RTVE y sus clónicas repeticiones en autonomías y municipios contemplan impasibles la caída de la publicidad, como si fuera un asunto que no les afectara. Y lo malo es que no les afecta, porque, sea cual sea el déficit en el que incurran, los directivos de esas televisiones oficiales se limitarán a pedir un aumento en la subvención. Cifras cantan: según datos del último informe de Uteca/Iese sobre la televisión en España, durante 2008 mientras que los ingresos por publicidad bajaban el 10 por ciento respecto a 2007, la partida de subvenciones a las televisiones oficiales  subió un  26 por ciento, hasta los 1.278 millones de euros.

Todas y cada una de las numerosas televisiones oficiales que operan en España plantean un caso evidente de competencia desleal y ventajista, pues arrebatan toda la publicidad que pueden al sector privado, en el bien entendido que el dinero que falte lo pondrá papá Estado. La permanencia de semejante sistema no es sino otra prueba del déficit democrático de la Unión Europea. Perro no come perro y burócrata respeta al político, temeroso de que le pueda cesar.

Desde otro punto de vista, la reestructuración televisiva es un ejemplo y una advertencia para todos los sectores empresariales españoles: la crisis económica y su correlato de disminución del tamaño del mercado, obliga a una equivalente adecuación de la oferta. Donde hace cuatro o cinco años había espacio para cuatro supermercados, o para cuatro concesionarios de coche, ahora solo hay sitio para uno.

Como digo, todos los sectores de la economía, deben acometer su propio adelgazamiento de forma que las menores ventas se correspondan con menores costes, sin disminuir por ello la calidad del producto. Para mí tengo que el reto resulta particularmente difícil para la prensa escrita, que ahora más que nunca debe apostar por la calidad, que nunca ha sido una característica barata.

En España también la televisión ha vivido su particular burbuja. Durante los diez años prodigiosos (1997-2007) de la economía española, la inversión publicitaria en televisión se multiplicó por dos y en 2007 llegó a la cifra récord de 3.467 millones de euros: cuando no se anunciaban los teléfonos móviles, lo hacías las hipotecas y si no los coches. Tanta publicidad permitió la multiplicación de canales sin consecuencias graves, porque de un modo u otro había publicidad para todos.

En 2008 terminó la euforia:10 por ciento menos en publicidad televisiva. 2009 ha demostrado que los buenos tiempos tardarán en volver y todos los pronósticos coinciden en que el inminente 2010 será aún peor. Las cifras de las tres cadenas que cotizan en Bolsa no admiten dudas. En los nueve primeros meses de este año los ingresos publicitarios de Telecinco cayeron un 41,6 por ciento; mayor aún, 67,6 por ciento, fue el retroceso de Antena 3; y, en fin, la caída de los ingresos de la de Cuatro fue del 26 por ciento, sin duda porque se partía de una base de cálculo más pequeña. Los números de La Sexta no pueden haber ido mejor, aunque de esta cadena del grupo Mediapro resulta imposible obtener datos fiables.

En este escenario económicamente insostenible, que comercialmente se mueve entre guatemala y guatepeor, y con el aumento sustancial de la oferta televisiva por la inminente implantación de la televisión digital, las fusiones que se planteen con el objetivo de alcanzar o consolidar una razonable cuota de audiencia y de recortar costes representan la única vía de escape.

De hecho, la primera fusión fue cerrada el viernes 19 y afecta a Telecinco, propiedad de la italiana Mediaset, y a Cuatro y Digital+, propiedad de Prisa. El mercado espera el próximo anuncio de la segunda operación que de una forma u otra, fusionará a Antena 3, del Grupo Planeta y del italiano De Agostini, con La Sexta, del Grupo Mediapro.

Fuera parte de las consideraciones políticas  –al fin y al cabo, se supone que la televisión es algo más que un negocio – y los comentarios sobre aspectos personales -¿por qué Prisa acepta al grupo italiano Telecinco las condiciones que no admitió en negociaciones anteriores con grupo español Mediapro?-la reestructuración de la tele brinda dos reflexiones inmediatas.

La primera sobre la televisión de propiedad oficial: resulta un verdadero escarnio que mientras el sector privado, para sobrevivir, debe hacer un ejercicio continuado de equilibrismo comercial y financiero, RTVE y sus clónicas repeticiones en autonomías y municipios contemplan impasibles la caída de la publicidad, como si fuera un asunto que no les afectara. Y lo malo es que no les afecta, porque, sea cual sea el déficit en el que incurran, los directivos de esas televisiones oficiales se limitarán a pedir un aumento en la subvención. Cifras cantan: según datos del último informe de Uteca/Iese sobre la televisión en España, durante 2008 mientras que los ingresos por publicidad bajaban el 10 por ciento respecto a 2007, la partida de subvenciones a las televisiones oficiales  subió un  26 por ciento, hasta los 1.278 millones de euros.

Todas y cada una de las numerosas televisiones oficiales que operan en España plantean un caso evidente de competencia desleal y ventajista, pues arrebatan toda la publicidad que pueden al sector privado, en el bien entendido que el dinero que falte lo pondrá papá Estado. La permanencia de semejante sistema no es sino otra prueba del déficit democrático de la Unión Europea. Perro no come perro y burócrata respeta al político, temeroso de que le pueda cesar.

Desde otro punto de vista, la reestructuración televisiva es un ejemplo y una advertencia para todos los sectores empresariales españoles: la crisis económica y su correlato de disminución del tamaño del mercado, obliga a una equivalente adecuación de la oferta. Donde hace cuatro o cinco años había espacio para cuatro supermercados, o para cuatro concesionarios de coche, ahora solo hay sitio para uno.

Como digo, todos los sectores de la economía, deben acometer su propio adelgazamiento de forma que las menores ventas se correspondan con menores costes, sin disminuir por ello la calidad del producto. Para mí tengo que el reto resulta particularmente difícil para la prensa escrita, que ahora más que nunca debe apostar por la calidad, que nunca ha sido una característica barata.

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.