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Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

La impertinente independencia de la Academia de la Historia

Para algunos resulta intolerable que los estudios de la Academia de la Historia no se atengan a la corrección política imperante. Propongo que a partir de ahora sean los grupos parlamentarios quienes elijan a los académicos y, para segurar, que sea Santillana, la editorial del grupo Prisa, la que edite esos trabajos.

La Academia de la Historia acaba de publicar y hacer pública una colección de miles de biografías de españoles que ya han pasado a la historia con mejor o peor reputación. La iniciativa fué saludada con general complacencia, hasta que algunos dieron leer biografías cuyos perfiles no casaban con su sensibilidad, o su criterio. Con los diarios El País y Público como buques insignia, la flota se puso en marcha, hasta que la Junta Directiva de la Academia anunció que rectificaría los contenidos en línea con lo sugerido por esos periódicos, y los pocos centenares de personas gente que se manifestaron frente a la Academia.

Para evitar nuevos desaguisados propongo que en la Ley de Economía Sostenible se añada una clausula en la que se cambie el modo de elegir a los académicos y en lugar que sea por votación entre ellos, los académicos sean elegidos por los partidos con representación parlamentaria, en función de los escaños obtenidos en las últimas elecciones. Así los Académicos de la Historia serían democráticos, en lugar de como hasta ahora que son elegidos en función de sus acreditados méritos científicos.

Este sistema que propongo no es nuevo: ya lo hizo Felipe González –por cierto, muy elogiado en su biografía–con , de forma que los miembros del Consejo General dejaron de ser elegidos por los propios jueces, como estipula la Constitución, y pasaron a la designación parlamentaria. El resultado de aquella operación no puede ser mejor: la interminable bronca entre jueces elegidos por un partido o por otro, o el pasotismo más absoluto de una institución cuyos dirigentes cuidan de los intereses de quienes les eligieron y se olvidan de la ciudadanía.

Desde el Tribunal Constitucional, a las diferentes Comisiones de supervisión del mercado, al Consejo de Estado, al Consejo de RTVE… Las instituciones españolas dejan mucho que desear en su aportación a la sociedad, precisamente porque están controladas por el Gobierno y por los partidos políticos. Las que debían ser un contrapoder, o una limitación del poder político, se han fusionado con él.

Se comprende que en este escenario de silencio de los corderos, el juicio independiente de la Academia de la Historia haya provocado el griterío de quienes no entienden más principio que el de la corrección política, y en la manifestación callejera el mejor método para dirimir las inevitables y sanas disputas científicas. Seguramente la veterana institución –fundada en 1738– escapó de las garras partidarias porque su mínimo presupuesto no alcanzaba para coches y escoltas.

El atraco a Hipercor, o porqué la prensa está en crisis

Tres de los cuatro diarios madrileños de información general ocultaron que el atraco de la pasada Nochevieja fué perpetrado en el Hipercor/Corte Inglés de Sanchinarro. Si los periódicos faltan al compromiso con sus lectores hasta en estas  minucias ¿que no harán en las importantes?. La prensa está en crisis, desde luego, pero no busquen al culpable fuera de casa.

Fué el gran suceso de Nochevieja: mientras el personal andábamos distraidos con las campanadas del cambio de año, unos cacos utilizaron una variante del alunizaje para reventar los escaparates y puertas de la zona de joyería del centro Hipercor de Sanchinarro (Madrid), de donde robaron mercancía por valor de un millón de euros. Un atraco casi idéntico y en el mismo lugar se cometió  en la Nochevieja de 2003, lo cual no impidió que este de 2010pero  fuera la noticia de sucesos más relevante de la fecha, de la que los periódicos informaron ampliamente.

El asunto  no tendría más importancia si no fuera porque de los periódicos madrileños de mayor tirada, que dieron relevancia al hecho, solo uno, El País, incluyó en su información el nombre del establecimiento atracado. Los demás, El Mundo, Abc y La Razón se limitaron a hablar de “un centro comercial en Sanchinarro” obviando que la marca y la propiedad del centro es El Corte Inglés/Hipercor.

Hay crisis en los periódicos: como no va a haberla si los propios periódicos faltan a las  reglas del periodismo informativo, y de las cinco respuestas que debe contener una información –qué, quien, donde, cuando, como– se saltan el donde por razones inconfesables.

Aducir como disculpa de faltar al compromiso con los lectores de que estamos ante una noticia trivial, es como disculpar a un político ladrón  porque ha robado poco dinero. El problema real es que si en esos periódicos no hay sistemas o personas capaces de impedir el error o la falacia, tengo legitimidad para dudar de todo lo publicado ¿quien me asegura que el pronóstico del tiempo que se incluye en la edición de hoy no corresponda a la semana pasada?, ¿como estar seguro de que la tesis sostenida en un editorial no responde a intereses económicos inconfesables?. Como dicen los ingleses cínicos “se empieza por matar al padre y se acaba por no dar los buenos días”.

Supongo que los diarios que ocultaron toda la verdad lo hicieron para evitarle el mal trago de coprotagonizar una mala noticia a Hipercor/El Corte Inglés, que al fin y al cabo son anunciantes de primera. Pero al silenciar los nombres perdieron la oportunidad de destacar la inmediata reacción de los reponsables del Centro que apenas 36 horas después del atraco abrió la tienda con absoluta normalidad y las reparaciones hechas. Ese si es un mérito: nadie está libre de ser atracado, pero la diferencia la marca la capacidad de reacción frente a los desperfectos. Pero ya se sabe: si no me puedes criticar, de poco me vale tu alabanza.

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.