30 nov 2011 0
El erial de Alfonso Guerra
Los exabruptos de Alfonso Guerra sobre su antiguo jefe, José Luis Rodríguez Zapatero, soltados en la Cadena Ser, no solo retratan la altura humana del ex vicepresidente del Gobierno, sino que deja claro, una vez más, que la omertá es el primer principio de los partidos políticos españoles.
La gente se pregunta por qué si Alfonso Guerra era tan crítico con la política desarrollada por Rodríguez Zapatero no lo dijo antes, cuando era tan bien tratado por el partido en el poder, que le seleccionó como Presidente de la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados, un puesto de buena retribución y poco trabajo.
Pues si calló fue en virtud del principio que él mismo estableció cuando era número 2 del Psoe y del Gobierno: el que se mueva no sale en la foto. Si durante el zapaterato hubiera hablado en un tono mínimamente crítico y en un entorno de audiencia poco superior al de una cena de amigos, Alfonso Guerra habría sido reducido a la condición de Diputado simpliciter y en las últimas elecciones generales, su nombre habría desaparecido de la candidatura del PSOE por Sevilla.
Los militantes de los partidos, aunque tengan tanta solera como Guerra, solo tienen oportunidad de corregir al Jefe cuando no hay Jefe. Poco importa que se haga una aportación de mérito y bien intencionada.
Como en el Partido Popular sí hay un Jefe consolidado, y en condiciones de repartir trabajos distinguidos, el silencio es la práctica general en el entorno de Mariano Rajoy: el que hable no será Ministro. Así que ya saben: el aspirante que haga declaraciones en un medio de comunicación se quedará sin cartera.
Dado que, a su vez, los partidos políticos son los casi exclusivos protagonistas de la vida pública española, no debe extrañar que el debate ideológico, político, económico, etc., se desarrolle con la frondosidad de un erial.
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