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Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

Error –o mentira– de Herald Tribune: Xavier Carbonell no existe

Para que luego digan que el dinero y los empresarios son cobardes: mientras se disponía a participar en la manifestación independentista del 11 de septiembre, el chief executive de Palex Medical S.A., Xavier Carbonell, declaró a Herald Tribune, que aunque la independencia de Cataluña tiene sus riesgos a corto plazo, lo más importante es defender y respetar “el derecho de un pueblo al autogobierno y a administrar sus recursos y su dinero”.

Por el contexto se entiende que los riesgos a corto plazo se refieren a la viabilidad de su empresa. Palex Medical S.A. se dedica a la venta de materiales hospitalarios, desde Barcelona y provincia. Según Herald Tribune, factura 150 millones de euros, de los que 120 se realizan en España, pero fuera de Cataluña.

Arriesgando el futuro de la empresa

Nunca imaginé a un empresario que subordinara el futuro de su empresa a su participación en el debate público. Tamañas bravuconadas son propias de políticos, cuyo futuro personal y patrimonial no depende de clientes, de ventas, de empleados; tampoco extraña verlas desde instituciones tipo Camara de Comercio, Circula de Empresarios o Cercle d’Economia, cuya falta de riesgo es similar a la de los políticos, porque en el fondo pertenecen a la misma superestructura.   Un empresario singular –y mucho menos, en propietario de una empresa—nunca arriesgaría la cifra de negocios por opinar sobre cuestiones políticas polémicas.

Pero contra lo que un servidor imaginaba, aquí estaba Xavier Carbonell, con un par: asegurando en la primera página de Herald Tribune que el autogobierno está por encima de los contratos de Palex Medical S.A con los hospitales españoles.

Practicando el periodismo de base de datos y con el afán de entender quien era el consejero delegado que ponía alegremente en riesgo el futuro de su empresa, o la empresa de sus empleadores, investigué en la página web de la compañía y en eInforma. Resultado desconcertante: resulta que ni Palex Medical S.A. factura 150 millones de euros (mas quisiera), ni el Sr. Xavier Carbonell es su chief executive. De hecho, ni siquiera aparece citado.

Independencia o cuenta de resultados

Dos errores –¿dos mentiras?—en la primera página del que tengo por el segundo mejor periódico del mundo, que sin duda transmiten a una audiencia global una realidad falsa: los empresarios catalanes prefieren la independencia sobre cualquier otra cosa.

Seamos sensatos: los empresarios catalanes, como los vascos, valencianos y madrileños están a lo que están: la cuenta de resultados. ¿Qué todos imagina un escenario mejor, con menos impuestos, más seguridad jurídica, mejores condiciones crediticias? Sin duda. Pero ninguno está dispuesto, salvo que vean inmediatas ventajas económicas, que no es el caso, a sacrificar su empresa ni por la unidad de la Patria, ni por el federalismo fiscal. Sencillamente, no es su papel en la sociedad.

Xavier Carbonell, si es que existe, ni es empresario ni sabe de que va la vaina. Aunque lo diga Herald Tribune.

Un servidor también se siente antisistema

Mucho antes que las concentraciones callejeras, reputadas instituciones independientes de los partidos habían manifestado en sus respectivos informes la necesidad de regenerar el sistema. Pero el stablishment huye del cambio y pone sordina a los intelectuales y a la calle.

Las manifas y concentraciones que han cruzado España en la semana previa a las elecciones del 22 de mayo han conseguido posiciones informativas relevantes en los medios nacionales por que-¡por fin!- han encontrado una noticia que se salía del cansino divagar sobre las consignas electoreras o del recuento de los asistentes a los mítines.

En todo caso y aún a pesar de su escasa relevancia real –¿cuantos dejarán de votar convencidos por los argumentos de los manifestantes?-, las manifas han sido una pequeña muestra de descontento real de la sociedad española no solo contra el Gobierno, sino contra todo el sistema.

Y eso no ha ocurrido de repente, la necesidad de un cambio –regeneración, modificación– ha sido anunciada desde hace muchos meses por españoles de variada condición profesional e ideológica: a bote pronto recuerdo en el último año los informes de la Fundación Everis, de la Fundación Ortega y Gasset, del Colegio Libre de Eméritos y, el último por ahora, del Foro de la Sociedad Civil.

Todos estos informes, que se encontrarán en las respectivas páginas web y cuya lecura recomiendo, comparten una característica: han pasado virtualmente desapercibidos en la opinión, porque unos libracos de doscientas páginas no merecen la atención de los medios, que en el mejor de los casos los despachan con una foto del acto de presentación.

Pero la clandestinidad no es la única condición común de los meritorios informes; con unas palabras u otras, la primera conclusión de todos ellos es que los partidos políticos han secuestrado a la sociedad española. Desde que se aprobó la Constitución vigente hemos  asistido a un proceso de la fagocitación partidaria del poder judicial, del Parlamento, de los medios de comunicación, de la Universidad, de los sindicatos… De manera que declararse ,y realmente ser, independiente se ha convertido en el más seguro camino de perdedores.

Las terapias propuestas para esta patología de diagnóstico común son variadas. Y está bien que lo sean porque la reforma de la ley electoral, o del reglamento de las Cortes, o de las competencias en educación y sanidad, no debe ser cuestión de aritmética parlamentaria, sino de debate sereno y constructivo por las partes implicadas.

En todo caso, lo que queda claro es que la parte inicial de las manifas callejeras, que reivindicaban asuntos tan sensatos como la supresión de gastos públicos suntuarios, la abolición de privilegios procesales a los políticos, la imprenscribilidad de los delitos de corrupción,etc., son una expresión coincidente con la que habían expresado antes casi un centenar de profesionales reputados e independientes, de forma más civilizada y coherente… Y que pasaron desapercibidos precisamente porque al stblishment ,al que otros dicen  tecnoestructura, no le interesa que se cuestione su papel social ni, mucho menos, su poder.

Por eso un servidor se siente antisistema, aunque no haya estado, ni piensa estar en la Puerta del Sol y se haya limitado a leer los informes en su casa.

 

 

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.