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Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

Un servidor también se siente antisistema

Mucho antes que las concentraciones callejeras, reputadas instituciones independientes de los partidos habían manifestado en sus respectivos informes la necesidad de regenerar el sistema. Pero el stablishment huye del cambio y pone sordina a los intelectuales y a la calle.

Las manifas y concentraciones que han cruzado España en la semana previa a las elecciones del 22 de mayo han conseguido posiciones informativas relevantes en los medios nacionales por que-¡por fin!- han encontrado una noticia que se salía del cansino divagar sobre las consignas electoreras o del recuento de los asistentes a los mítines.

En todo caso y aún a pesar de su escasa relevancia real –¿cuantos dejarán de votar convencidos por los argumentos de los manifestantes?-, las manifas han sido una pequeña muestra de descontento real de la sociedad española no solo contra el Gobierno, sino contra todo el sistema.

Y eso no ha ocurrido de repente, la necesidad de un cambio –regeneración, modificación– ha sido anunciada desde hace muchos meses por españoles de variada condición profesional e ideológica: a bote pronto recuerdo en el último año los informes de la Fundación Everis, de la Fundación Ortega y Gasset, del Colegio Libre de Eméritos y, el último por ahora, del Foro de la Sociedad Civil.

Todos estos informes, que se encontrarán en las respectivas páginas web y cuya lecura recomiendo, comparten una característica: han pasado virtualmente desapercibidos en la opinión, porque unos libracos de doscientas páginas no merecen la atención de los medios, que en el mejor de los casos los despachan con una foto del acto de presentación.

Pero la clandestinidad no es la única condición común de los meritorios informes; con unas palabras u otras, la primera conclusión de todos ellos es que los partidos políticos han secuestrado a la sociedad española. Desde que se aprobó la Constitución vigente hemos  asistido a un proceso de la fagocitación partidaria del poder judicial, del Parlamento, de los medios de comunicación, de la Universidad, de los sindicatos… De manera que declararse ,y realmente ser, independiente se ha convertido en el más seguro camino de perdedores.

Las terapias propuestas para esta patología de diagnóstico común son variadas. Y está bien que lo sean porque la reforma de la ley electoral, o del reglamento de las Cortes, o de las competencias en educación y sanidad, no debe ser cuestión de aritmética parlamentaria, sino de debate sereno y constructivo por las partes implicadas.

En todo caso, lo que queda claro es que la parte inicial de las manifas callejeras, que reivindicaban asuntos tan sensatos como la supresión de gastos públicos suntuarios, la abolición de privilegios procesales a los políticos, la imprenscribilidad de los delitos de corrupción,etc., son una expresión coincidente con la que habían expresado antes casi un centenar de profesionales reputados e independientes, de forma más civilizada y coherente… Y que pasaron desapercibidos precisamente porque al stblishment ,al que otros dicen  tecnoestructura, no le interesa que se cuestione su papel social ni, mucho menos, su poder.

Por eso un servidor se siente antisistema, aunque no haya estado, ni piensa estar en la Puerta del Sol y se haya limitado a leer los informes en su casa.

 

 

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.