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Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

El erial de Alfonso Guerra

Los exabruptos de Alfonso Guerra sobre su antiguo jefe, José Luis Rodríguez Zapatero, soltados en la Cadena Ser, no solo retratan la altura humana del ex vicepresidente del Gobierno, sino que deja claro, una vez más, que la omertá es el primer principio de los partidos políticos españoles.

La gente se pregunta por qué si Alfonso Guerra era tan crítico con la política desarrollada por Rodríguez Zapatero no lo dijo antes, cuando era tan bien tratado por el partido en el poder, que le seleccionó como Presidente de la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados, un puesto de buena retribución y poco trabajo.

Pues si calló fue en virtud del principio que él mismo estableció cuando era número 2 del Psoe y del Gobierno: el que se mueva no sale en la foto. Si durante el zapaterato hubiera hablado en un tono mínimamente crítico y en un entorno de audiencia poco superior al de una cena de amigos, Alfonso Guerra habría sido reducido a la condición de Diputado simpliciter y en las últimas elecciones generales, su nombre habría desaparecido de la candidatura del PSOE por Sevilla.

Los militantes de los partidos, aunque tengan tanta solera como Guerra, solo tienen oportunidad de corregir al Jefe cuando no hay Jefe. Poco importa que se haga una aportación de mérito y bien intencionada.

Como en el Partido Popular sí hay un Jefe consolidado, y en condiciones de repartir trabajos distinguidos, el silencio es la práctica general en el entorno de Mariano Rajoy: el que hable no será Ministro. Así que ya saben: el aspirante que haga declaraciones en un medio de comunicación se quedará sin cartera.

Dado que, a su vez, los partidos políticos son los casi exclusivos protagonistas de la vida pública española, no debe extrañar que el debate ideológico, político, económico, etc., se desarrolle con la frondosidad de un erial.

Rajoy hace bien en no cantar la gallina

Rajoy no concreta las medidas que tomará si, como está pronosticado, llega a La Moncloa, proque primero quiere conocer la situación real. El que debería concretar es Rubalcaba, que promete subir sueldos funcionariales y pensiones sin decir de dónde recortará los gastos o aumentará los impuestos.

Le preguntaron a Mariano Rajoy por sus medidas económicas inmediatas, cuando se cumpliera el pronostico  de que él será en nuevo inquilino de la Moncloa. Contestó que lo primero sería enterarse de donde está, de verdad, la economía española y solo después decidiría que medidas tomar. Sus adversarios le reprochan falta de concreción, pero la respuesta fué la mejor que se podía dar, porque el mayor problema de la economía española es que nadie sabe cual es su situación o, por ser más precisos, cual es la situación de las cuentas del sector público.

Su oponente, Alfredo P. Rubalcaba, ha prometido subidas moderadas en las pensiones y retribuciones de los funcionarios. Debe ser porque no espera alcanzar la Moncloa, ya que con los números oficiales en la mano, lo mejor que pueden esperar pensionistas y funcionarios es que no se rebajen sus ingresos. Y si  Rubalcaba ha prometido aumentar –aunque sea poco– pensiones y sueldos funcionariales, debería añadir de dónde va a recortar o cuales serán los impuestos que va a subir.

Los cambios de Gobierno han permitido el general conocimiento de  que en Cataluña y Castilla-La Mancha, el déficit era mucho más grave de lo supuesto, aunque se supusiera que las respectivas administraciones  anteriores no decía toda la verdad: resulta que en Cataluña hay gastos comprometidos hasta el siglo que viene y en Castilla-La Mancha han aflorado casi doscientas mil facturas escondidas en el fondo de los cajones. Creo que los recien llegado se esperaban pufos ocultos, pero no tan grandes.

¿Es Elena Salgado, vicepresidenta económica del Gobierno, más responsable que sus correligionarios José Montilla o el de José Mª Barreda? No tengo ninguna razón para pensar que los políticos socialistas ganen en claridad a medida que suben de responsabilidad. Y por eso hace muy bien Rajoy en no adelantar medidas (que todo el mundo sabe serán necesariamente antipáticas) antes de conocer las cuentas reales. En todo caso, también se debería preguntar a Rubalcaba de dónde va a sacar el dinero para tanto como promete… Porque por las cuentas que presenta la Vicepresidenta, personal y políticamente patrocinada por Rubalcaba, si piensa que el sector público nacional está en condiciones de sumarse a las promesas de Rubalcaba.

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.