23 oct 2012 4
Si Rajoy no habla, Mas se quedará afónico
Esta mañana he escuchado en la radio la advertencia de Artur Mas: “que sepa el señor Rajoy que por silenciar un problema este no se resuelve, sino que se agrava”. En realidad, si Rajoy no habla, el problema es de Artur Mas, que no encuontrará rival para su partido de enfrentamiento con el resto de España.
Argumentos no faltan
En el momento en que Rajoy responda a las provocaciones de Mas, empezará un debate. Es verdad que el Presidente del Gobierno cuenta con argumentos de todo tipo –históricos, demográficos, económicos, culturales, políticos– para desbaratar dialéctica y fácticamente la posición independentista, pero si los utilizara públicamente, de algún modo supondría prestar carta de naturaleza jurídico-política a una “negociación” Cataluña- España.
Salvadas las distancias –en España el fútbol es lo único serio– es como si, aduciendo su condición de club decano del fútbol español, el Recreativo de Huelva retara al Barça para determinar cual de los dos está más cualificado para disputar la Champions… Sencillamente, esa es una decisión que no corresponde a ninguno de los dos clubes.
Peligro de afonía
Se mire como se mire, y pretenda Artur Mas lo que pretenda, el Reino de España es en términos jurídicos algo sustancialmente diferente de la Comunidad Autónoma de Cataluña: abrir un proceso negociador carece de cualquier sentido jurídico y político. ¿Se acuerdan cuando hace un par o tres años todas la Comunidades Autónomas acordaron seguir a Catalunya y reformaron de pies a cabeza sus respectivos estatutos? Pues ocurriría igual si la Presidencia del Gobierno acordara un proceso negociador con la Presidencia de la Generalitat: en el régimen de culo veo culo quiero, el principio político más practicado es el de maricón el último.
Es verdad que el silencio de Mariano Rajoy no arregla el problema del independentismo demagógico, pero no es menos cierto que si hablara, incluso para descalificar las pretensiones artúricas, este conseguiría disputar un partido que, hasta el momento, no ha empezado. A este paso, de tanto gritar Artur Mas acabará desgañitado, sin obtener más respuesta que la de su propio eco.
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