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Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

DOS COSAS SEGURAS DE INTERNET

En el rifi rafe organizado en torno a la propiedad/piratería de Internet solo veo dos cosas seguras. La primera: que el Gobierno y su aliada la SGAE han entrado en un tema del siglo XXI y siguientes, con las armas legales y jurídicas del siglo XX y anteriores.

Los planteamientos de la ministra González Sinde recuerdan inevitablemente a los de aquel ministro del Interior, José Luis Corcuera (¿o Corcuese?) que con el noble fin de luchar contra el terror y el delito organizado, presentó una ley que permitía a la policía entrar en las casas del personal sin orden judicial y con el expeditivo procedimiento de la patada en la puerta.

Por no hablar del canón digital: es como si al comprar un coche tuvieras que pagar un impuesto especial a cuenta de las infracciones de tráfico que ibas a cometer con el buga recien comprado.

La segunda cosa segura, en mi inculta opinión se entiende: que la propiedad intelectual debe ser respetada en la Red y fuera de ella. Desde que el hombre es un ser económico el derecho a la propiedad y el derecho a la herencia han sido los motores del crecimiento económico.

Adam Smith, al que algunos califican como el economista primigenio, escribió que cuando el carnicero vende cinco filetes a una madre de familia no es con la filantrópica intención de que los cinco hijos de esa buena madre estén bien alimentados, sino con la más prosaica de ganar un dinero con el que alimentar a sus propios hijos.

En este sentido, que España sea el primer país del mundo mundial en piratería en la Red produce una consecuencia tan decepcionante como que España es, igualmente, el socio de la Unión Europea donde las Red funciona a una velocidad más baja.

A más a más, si España fuera un país serio como China que se dedica a plagiar en plan a lo bestia programas informáticos, procedimientos industriales, marcas etc., etc.,  por lo menos junto al deshonor de ser unos ratero, tendríamos la ventaja de producir productos más baratos porque se había evitado el coste de investigación o, en su caso, de la patente.Hasta para piratear somos cutres, como aquellas películas en las que Vittorio Gassman era el jefe de un “gang” que no tenían ni pistola: música, películas… Cosas definitivamente baratas y sin mucho valor de producción.

Me contaron que los alemanes se ríen de los españoles porque usamos los teléfonos móviles para hablar, cuando en Alemania el gran desarrollo de la telefonía móvil no es el del marujeo del sms y cosas así, sino en aplicaciones industriales: una máquina que ordena a otra ponerse en marcha y esta a su vez a otras.

Desde luego no creo que si por fin el Gobierno establece un marcos serio y adecuado para las reglas de juego en la Red, los desarrollos españoles asombren al mundo, pero por lo menos el mundo no nos dejará en la cueva de los piratas.

Okupas en Internet

Criticar al Gobierno es una actividad altamente saludable porque, entre otras cosas, significa que el crítico pone su cabeza a trabajar en asuntos de interés público. Lamentablemente, hoy no puedo hacerlo: he pensado sobre las medidas contenidas en el proyecto de ley de economía insostenible y creo que la política de acabar con la piratería en Internet es un política necesaria.

De manera inmediata, a velocidad superdigital, España debe dejar de ser el país occidental donde más y mejor florece la piratería de los productos intelectuales. Es superurgente: del top manta a las descargas ilegales, pasando por la fotocopia de libros.

No estamos ante una cuestión de honrilla, de hinchar pecho diciendo que aquí somos más legales que “naide”; se trata de algo mucho más material: no cegar un sector de actividad económica que puede proporcionar mucho dinero y mucho empleo.

Mientras persista la situación de robo indiscriminado no habrá inversores nacionales ni extranjeros que metan sus euros en apoyo de la fantástica creatividad de los españoles. Tampoco nadie compraría un piso en un barrio dominado por los okupas. O nadie investigaría en nuevas medicinas si no esperara un beneficio. Las cosas funcionan así, y no funcionan mal.

Ya se sabe, y como duele, que la velocidad de la Red es en España la más lenta de Europa. ¿Quien está interesado en aumentarla? Las operadoras no, porque  más velocidad con la misma seguridad, solo reportaría ventajas al pirata. Ahora bajar ahora las películas o ver los partidos por la patilla cuesta un buen rato; con un par de megas de velocidad, los inconvenientes se reducirían y el número de pillos crecería.

La seguridad es indispensable. No tengo capacidad para opinar si el sistema elegido por el Gobierno zapaterial es mejor o peor. Me da la impresión que es igual que en los demás países del mundo civilizado.

Como cualquiera temo que una Admisitración tan incompetente como la española se encargue de la seguridad en la Red, pero encargar de ella a los jueces me produce todavía más escalofríos.

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.