2 oct 2009 0
El Gobierno agravó la crisis
La quiebra del banco de inversión Lehman Brothers puso al borde del precipio a toda la economía mundial, hace ahora trece meses. Ante la emergencia, los gobiernos reaccionaron de dos maneras: en los países que no existía un razonable nivel de estado de bienestar –subsidio de paro generalizado, cuidados médicos, pensiones…– los gobiernos inyectaron el dinero que tenían y el que no tenían para que la economía no se parara. Fue, singularmente, el caso de Estados Unidos. Los grandes de Europa, sin embargo, no metieron mucho dinero extra porque el propio sistema garantizaba que las personas no se quedaran sin ingresos, aunque se quedaran sin trabajo.
España, siempre diferente, hizo las dos cosas: a pesar de tener un razonable sistema de seguridad, no se privó de inyectar mucho dinero en la economía –los 5.000 millones por devolución de 400 euros a los contribuyentes, los 8.000 millones del fondo para obras de los ayuntamientos.
El personal que recibió los 400 euros decidió no gastarlos, sino ahorrarlos (decisión razonable dada la incertidumbre sobre el futuro económico) y una vez terminadas las obras municipales, los obreros volvieron al paro.
De esta forma, la economía española no va sustancialmente peor de lo que iba a ir sin las ayudas extraordinarias, pero el Estado se ha quedado sin dinero para empujar la mejora que se adivina en otros países. Eso explica la aparente contradicción: cuando Francia y Alemania se plantean bajar impuestos, España se ve obligada a subirlos, para evitar que el déficit público se dispare todavía más.
Esta es, quizás, la mejor prueba de que el Gobierno español se equivocó en el diagnóstico de la crisis, pues aunque desde la primavera de 2008 todo el mundo sabía que venía una muy gorda, el Ejecutivo sostuvo hasta bien entrado el otoño que estábamos ante un bajón fácil de remontar. Pensó que era un catarro, cuando se trataba de un neumonía grave.
Me gustaría poder decir si el error procedió de Rodríguez Zapatero, o de Solbes, o de Miguel Sebastian, pero a esas alturas de la película ya tenían tales desavenencias entre ellos que la atribución de responsabilidades concretas resulta imposible.
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