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Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

Por que me creo a Moody’s cuando habla de España

Dentro de que nadie es infalible y de que Moody’s también se puede equivocar, para mi tengo que sus pronósticos sobre la economía y las empresas españolas son más fiables que los del Gobierno y la UE.

A nuestra señora Vicepresidenta de Economía, Elena Salgado, le parece positiva cualquier novedad en el endiablado escenario financiero del Viejo Continente: ¿el Banco Central Europeo anuncia que subirá los tipos de interés? No problem, España se tragará sin dificultad la subida. ¿Portugal necesitará ayuda de la UE, el FMI y la Eurozona? No problem, España no es Portugal. ¿Las revueltas en el Magreb y en otros países islámicos encarecerán los precios del petróleo? No problem.

Ciertamente, el optimismo suicida de la señora Salgado encuentra respaldo en las bocas autorizadas en la Unión Europea. Ya es historia aquella Angela Merkel que amenazaba abiertamente a España, los comisiarios de la Unión también han cambiado su discurso y las dudas que  planteaban sobre la capacidad española de pagar la deuda, ahoran se han vuelto alabanzas al admirable trabajo realizado por el Gobierno.

Incluso los despiadados especuladores, concentrados ahora en la deuda portuguesa, rebajan su codicia y admiten prestar dinero a España a tipos razonables.

Pues bien, mientras que el Gobierno nacional, la Unión Europea y los mercados coinciden  en diagnosticar una mejora en la situación financiera española, llega Moody’s y rebaja la calificación financiera de la mayoría de las entidades financieras españolas: unos tocapelotas –que al oirlo esta mañana en boca de Carlos Herrera no me ha sonado tan ordinario como al escribirlo– que padecen de manía antiespañola.

¿De dónde la viene esta hispanofobia a Moody’s? ¿Reencarnación, con nombre capitalista, de la vieja leyenda negra levantada Antonio Pérez y posteriormente financiada con el Oro de Moscú?  Si fuera cierto, también sería muy cómodo. Me temo que la realidad es muy distinta:  entre los diagnósticos de Moody’s y  los del Gobierno español, y la Unión Europea hay una gran diferencia: mientras que Madrid y Bruselas tienen un interés cierto y cuantificable en que España no tenga dificultades, Moody’s solo se juega su prestigio y la credibilidad de su diagnóstico, pero ni pierde ni gana con advertir seriamente de los problemas españoles.

Moody’s no niega que España esté haciendo sus deberes, como cansinamente insisten en todas las capitales europeas, pero centra su pesimismo en las dificultades de las tareas que quedan por delante. Por ejemplo, rebajar el déficit del 9 actual al 6 por ciento a final de año, es como sacar jugo a una naranja ya exprimida: no se pueden rebajar más los sueldos de los funcionarios, ni rebajar las pensiones. Siempre queda el arma de subir los impuestos –Portugal tiene un IVA del 27 por ciento– pero cualquier subida impositiva sería añadir una nueva dificultad al crecimiento económico… Y sin crecimiento no es posible pagar las deudas.

La economía española se mueve en una suerte de circulo vicioso en el que el arreglo de un problema desarregla otro no menos grave. Y todo eso sin hablar de las Cajas… Es un camino tortuoso y Moody’s advierte de que hay riesgo de trompazo.

El Estado cada vez sale más caro

La Vicepresidenta Economica ha avanzado las cifras de cierre de las cuentas del Estado. La satisfacción por conseguir el déficit público previsto no puede ocultar la realidad de que el Estado cada vez cuesta más caro a los contribuyentes.  ¿Consecuencias?  Principalmente dos: en la medida que aumente las recaudación fiscal se dificulta el crecimiento y sin crecimiento no se reduce el paro.

La situación económica española recuerda a la de una manta pequeña: te abrigas los piés o el pecho, pero no puedes taparte los dos al tiempo. Elena Salgado, Vicepresidenta Económica, se apresuró a adelantar las cifras del déficit público estatal de 2010 porque los datos eran buenos: ya habrá tiempo para las malas noticias…

Es muy positivo que el déficit público se reduzca al ritmo previsto, aunque son cifras provisionales y no se conocen las de las comunidades autónomas . Es mala, sin embargo, la forma en que se ha conseguido ese objetivo: subiendo los impuestos. Con cifras estimadas,  la recaudación ha supuesto el 16 por ciento del PIB, cuando en 2009 fué de solo el 13 por ciento. El guarismo significa que la empresa o el ciudadano medios tenenen cada vez menos dinero para gastar y, como bien se sabe, si en España no aumenta el consumo interno la economía se estanca.

¿Reducir los impuestos y así fomentar el consumo? Entonces subiría el déficit público y no se conseguiría financiación exterior. Lo dicho: si te tapas los piés te destapas el pecho. Así las cosas, ver la salida de la crisis el año 2012 es una quimera voluntarista y gubernamental.

Todo tiene solución: reducir el gasto público, haciendo más eficiente el conjunto de la Administración en sus diferentes niveles. Pero esa es una tarea políticamente tan penosa e ingrata que se ve como imposible, aún para Reformator, que es como le dice Carlos Herrera al Presidente del Gobierno.

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.