5 abr 2011 0
Garzón ¡Vaya fin de semana!
Sin una palabra de menos ni un calificativo de más, Santiago Muñoz Machado ha dejado al descubierto las fechorías jurídicas del Juez Baltasar Garzón. No se pierdan el libro para saber donde vivimos.
Dediqué la tarde del viernes a leer el libro Riofrío. La justicia del señor Juez del catedrático de Derecho Santiago Muñoz Machado. Y perdí la tranquilidad para todo el finde: ¿Cómo es posible que en un Estado de Derecho, en el siglo XXI, pueda un juez arrasar impunemente la ley y las garantías que deben amparar a cualquier ciudadano?.
A pesar de su contenido jurídico-procesal, a Muñoz Machado se le entiende fácil y el libro deja un regusto de miedo que tarda en pasarse más de un fin de semana. Al fin y al cabo, si eso le ha ocurrido a gente principal y a gente del común ¿quien me garantiza que en cualquier momento no sea yo –o cualquiera de mis parientes o amigos– el protagonista involuntario del kafkiano proceso?.
Como cualquier persona ni especializada ni particularmente interesada en cuestiones jurídicas, compartía lo que pienso es la opinión generalizada: Baltasar Garzón politiquea, disfruta y persigue la popularidad, pero eso no impide que como juez sea un tipo cabal que no se arredra frente a ningún poder ni frente a ningún poderoso. Leído el libro, mi opinión ha cambiado radicalmente: el Juez Garzón es un peligro para el público y un golpista que subrepticiamente ha atentado contra el Estado de Derecho.
El libro de Muñoz Machado cuenta pormenorizadamente un caso, pero hay razones para pensar que Garzón habrá protagonizado otros muchos cuyas víctimas, por temor o por cansancio, han renunciado a exigir justicia, reparando la injusticia. La realidad supera a la fantasía: el ciudadano Josef K protagonista de El Proceso era afortunado porque no conocía a sus verdugos. Las víctimas de Garzón, en cambio, deben sufrir su presencia en la vida pública y mediática.
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