1 oct 2009 0
El secuestro del BBVA y los caídos de Francisco González
En la operación de despido del Consejero Delegado y ampliación del mandato del Presidente del BBVA, el dinero –con ser una cifra astronómica– no es lo más importante. La pregunta definitiva es ¿quien manda aquí? o, si se prefiere, ¿quien manda en el BBVA?.
Las empresas son la conjunción de tres factores: capital, trabajo y gestión. Como estamos en un sistema capitalista el factor decisivo es (debe ser) el capital. No es un poder absoluto, puesto que debe negociar permanentemente con los tros dos, pero si decisivo: la empresa es de sus capitalista, de sus accionista, o sea, de sus dueños.
El baile Goirigolzarri-González o González-Goirigolzarri ha demostrado que el poder absoluto en el BBVA se concentra en la gestión. Ni los accionistas, ni los empleados han contado con la oportunidad de decir algo.
Y creo que es precisamente esa concentración de poder en manos de los gestores lo que le ha llevado al G-20 a tratar de parar las malas prácticas bancarias, en virtud de las cuales unos gestores que no arriesgan un duro en la empresa se autocontratan por salarios astronómicos y se autoceden primas o bonus igualmente estratosféricos.
Estoy seguro que los cambios en el BBVA se han hecho conforme a cualquier disposición legal, la cuestión no es esa. La cuestión es que la cúpula ejecutiva de un banco puede no tener ni una sola acción y actuar en representación de todos los accionista. La red de oficinas que se utiliza para captar depósitos y conceder créditos, también puede utilizarse como agencias de domesticación del accionista, que firma su delegación de voto pensando que es un puro trámite burocrático.
Del Consejo actual, poco pueden esperar los críticos: deben su posición y la excelente remuneración aneja al designio del Presidente González.
El valle de los caídos
Por lo demás, se puede decir que Goiri es la última pieza del cazador Francisco González. Las primeras fueron Emilio Ybarra y Pedro Luis Uriarte, a los que siguieron todos los consejeros del BBVA procedentes del BBV, luego el Vicepresidente Jesús Caínzos, luego todos aquellos consejeros que no estaban de acuerdo, como Gregorio Marañón, aunque hubieran sido nombrados por el propio Gonzalez. Si en la cúpula ejecutiva y societaria ha sido así, da miedo pensar en los niveles ejecutivos de primer o segundo nivel. El último caído conocido fué Javier Ayuso, director de comunicación del BBVA.
El recién nombrado consejero delegado, Angel Cano, fue, como director de recursos humanos desde el comienzo de la fusión BBV y Argentaria, el hombre que ejecutaba la política de “limpieza étnica”, dicho sea en términos metafóricos.
Cesar Goirigolzarri y varios directores generales. Se trata de rejuvenecer la gestión del banco, dicen fuentes oficiosas. Mas que ante un rejuvenecimiento, estamos ante una paradoja: el Presidente rompe el acuerdo que le obligaba a dimitir al cumplir 65 años –que le caerán en este mismo mes de octubre– y jubila a sus adláteres que no llegaban a sesenta años “para rejuvenecer la gestión”. Cuando eso lo hace un político como Hugo Cháves se le califica, justamente, de demagogo o populista. Cuando pasa en el BBVA, las acciones bajan.
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