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Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

Caja de Madrid: Rato cobra el 30 por ciento más que Blesa

Rodrigo Rato, Presidente de Caja de Madrid, recibe en concepto de sueldo el treinta por ciento más que su predecesor en el cargo, Miguel Blesa. Fuera parte de consideraciones estético-demagógicas, es una retribución indiscutible en la medida que ha sido acordada por los órganos de Gobierno de la entidad… Igual que lo fue el plan de pensiones para la alta dirección, aprobado en tiempos de  Miguel Blesa.

La escandalera organizada por el grupo Unidad Editorial en torno a la supuestamente escandalosa retribución, vía una modalidad de fondo de pensiones, del equipo que con Miguel Blesa gestionó Caja Madrid durante quince años, para mí solo tiene una explicación política. Y digo política porque ni las cifras ni su implementación jurídica pueden escandalizar a nadie que conozca como se las gastan en el sector financiero español. Veinticinco millones de euros para las pensiones del conjunto de las diez personas que conformaban la anterior dirección de Caja Madrid puede resultar una cifra escandalosa para el común, pero es el chocolate del loro comparada, por ejemplo, con los setenta millones que ya ha lucrado vía fondo de pensiones un gran amigo de Rodrigo Rato, Francisco González, el presidente del BBVA, que en su momento también pretendió negar el fondo de pensiones que le correspondía a su antecesor, Emilio Ybarra.

Ya digo que las cifras de emolumentos de la banca española llaman la atención, pero en ese contexto, los de Caja Madrid están muy por debajo de la media. Por otra parte, las retribuciones ordinarias y extraordinarias de la alta dirección fueron en su momento aprobadas por los órganos competentes de Caja de Madrid y, siguiendo una práctica contable ortodoxa, esas cantidades fueron cargadas año tras año a la cuenta de pérdidas y ganancias… Esos órganos competentes  son los mismos (incluso en la mayoría de las personas que los componen) que ahora pretenden anular –la última palabra será la del juez–  una decisión en virtud de argumentos tan peregrinos como la crisis financiera que nos azota, o porque la Caja ha recibido los fondos públicos para su saneamiento. Siguiendo ese razonamiento y dado que el futuro inmediato es oscuro para el sector financiero español, podría llegar un momento en que el Consejo de Caja Madrid obligara a Rato a renunciar a su sueldo, dada las dificultades de la Caja  para sanear el balance y que al fin y al cabo, Rodrigo Rato ya gana bastante dinero pronunciando conferencias a 10.000 euros la pieza, o sencillamente  con su pensión vitalicia de 80.000 dólares anuales como ex director general del FMI.

Sin razones económicas, pues los planes de pensiones ya estaban contabilizados en ejercicios anteriores y sin razones jurídicas, pues por lo que se sabe todas las decisiones fueron adoptadas por los órganos competentes de la Caja,  hay que acudir, por defecto,  a la motivación política de la decisión de no honrar los compromisos y el consiguiente guirigay. Como se recordará hace dos años, Miguel Blesa, con el apoyo del alcalde Ruiz Gallardón, luchó a brazo partido para permanecer en su puesto de presidente. Esa resistencia –desde mi punto de vista no justificada, pero legítima– obligó a que la Comunidad de Madrid tuviera que retirar a su candidato para ese puesto, nada menos que el vicepresidente de la Comunidad, Ignacio González.

Dado el enfrentamiento Comunidad-Ayuntamiento, la Comunidad de Madrid acabó por pactar con la dirección nacional del PP que el nuevo presidente fuera Rodrigo Rato, pero por lo visto ahora, la Comunidad quiere que rueden las cabezas, y los bolsillos, de quienes  frustraron el primer asalto a Caja Madrid. Como respira política por todos sus poros, no será Rodrigo Rato, quien prefiera  defender una causa perdida, a pesar de que si no lo hace violenta la razón y el sentido común… Al fin y al cabo, la privatización  está a la vuelta de la esquina y habrá oportunidad de cobrar los favores prestados al ego del vencedor.

 

 

 

 

 

El secuestro del BBVA y los caídos de Francisco González

En la operación de despido del Consejero Delegado y ampliación del mandato del Presidente del BBVA,  el dinero –con ser una cifra astronómica– no es lo más importante. La pregunta definitiva es ¿quien manda aquí? o, si se prefiere, ¿quien manda en el BBVA?.

Las empresas son la conjunción de tres factores: capital, trabajo y gestión. Como estamos en un sistema capitalista el factor decisivo es (debe ser) el capital. No es un poder absoluto, puesto que debe negociar permanentemente con los tros dos, pero si decisivo: la empresa es de sus capitalista, de sus accionista, o sea, de sus dueños.

El baile Goirigolzarri-González o González-Goirigolzarri ha demostrado que el poder absoluto en el BBVA se concentra en la gestión. Ni los accionistas, ni los empleados han contado con la oportunidad de decir algo.

Y creo que es precisamente esa concentración de poder en manos de los gestores lo que le ha llevado al G-20 a tratar de parar las malas prácticas bancarias, en virtud de las cuales unos gestores que no arriesgan un duro en la empresa se autocontratan por salarios astronómicos y se autoceden primas o bonus igualmente estratosféricos.

Estoy seguro que los cambios en el BBVA se han hecho conforme a cualquier disposición legal, la cuestión no es esa. La cuestión es que la cúpula ejecutiva de un banco puede no tener ni una sola acción y actuar en representación de todos los accionista. La red de oficinas que se utiliza para captar depósitos y conceder créditos, también puede utilizarse como agencias de domesticación del accionista, que firma su delegación de voto pensando que es un puro trámite burocrático.

Del Consejo actual, poco pueden esperar los críticos: deben su posición y la excelente remuneración aneja al designio del Presidente González.

El valle de los caídos

Por lo demás,  se puede decir que Goiri es la última pieza del cazador Francisco González. Las primeras fueron Emilio Ybarra y Pedro Luis Uriarte, a los que siguieron todos los consejeros del BBVA procedentes del BBV, luego el Vicepresidente Jesús Caínzos, luego todos aquellos consejeros que no estaban de acuerdo, como Gregorio Marañón, aunque hubieran sido nombrados por el propio Gonzalez. Si en la cúpula ejecutiva y societaria ha sido así, da  miedo pensar en los niveles ejecutivos de primer o segundo nivel. El último caído conocido fué Javier Ayuso,  director de comunicación del BBVA.

El recién nombrado consejero delegado, Angel Cano, fue, como director de recursos humanos desde el comienzo de la fusión BBV y Argentaria, el hombre que ejecutaba la política de “limpieza étnica”, dicho sea en términos metafóricos.

Cesar Goirigolzarri y varios directores generales. Se trata de rejuvenecer la gestión del banco, dicen fuentes oficiosas. Mas que ante un rejuvenecimiento, estamos ante una paradoja: el Presidente rompe el acuerdo que le obligaba a dimitir al cumplir 65 años –que le caerán en este mismo mes de octubre– y jubila a sus adláteres que no llegaban a sesenta años “para rejuvenecer la gestión”. Cuando eso lo hace un político como Hugo Cháves se le califica, justamente, de demagogo o populista. Cuando pasa en el BBVA, las acciones bajan.

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.