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Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

Ayudan a los coches ¿por qué no a las viviendas?

Por una vez hay unanimidad: las ventas de coche en España han dejado de caer gracias a las ayudas que el Gobierno y Autonomías han concedido a través del Plan 2000E. La pregunta también es unánime: ¿por qué no extienden a otros sectores en crisis la política de subvenciones que tan buen resultado ha dado a los coches?.

Números cantan: durante septiembre y octubre las ventas de coches en España han mejorado mucho (respectivamente,18 y 24,6 por ciento) respecto al año pasado. Es verdad que en 2009 no llegarán a venderse un millón de coches –¡qué diferencia con el millón y medio vendidos en 2005!– pero al paso que iba la industria, las ventas anuales se quedarían en 700.000.

Ante cifra tan modesta, los fabricantes planeaban despedir a casi 50.000 empleados. Como no ha sido así, los afectados por diferentes Ere han quedado en la mitad.

Es decir, que cuando la Administración Pública ayuda mediante subvenciones (que en definitiva es una reducción de impuestos) el consumidor se anima, los fabricantes venden y se pierden menos empleos.

Y visto el éxito del Plan 2000E resulta sorprendente que en lugar de conceder más subvenciones o bajar impuestos, el Gobierno los suba.

¿Están locos o son incompetentes? Una cosa no quita la otra, es decir los ministros pueden, simultáneamente, ser incompetentes y estar locos, pero en este caso hay poderosas razones que impiden la generalización de subvenciones.

Primera y principal: no hay dinero para todos los sectores. Con un déficit publico esnafrado cualquier euro de menos ingreso o de más gasto es un poco de pan para hoy y mucha hambre para mañana. Es verdad que el sector público podía ahorrar mucho dinero de sus gastos y dárselo a los consumidores para que compraran coches, casas, televisores, etc., pero para eso haría falta un coraje político y un apoyo parlamentario de los que carece el Ejecutivo nacional.

Segunda y no menos importante razón. La puesta en marcha del Plan2000E y su prorroga durante todo el año que viene, se debe a la presión de los gobiernos francés y alemán, que no estaban dispuestos a que las subvenciones que daban a sus consumidores se gastaran en la compra de coches fabricados en España. El viejo “o jugamos todos o se rompe la baraja”.

De cualquier forma, la lección está ahí, para quien quiera aprenderla y aplicarla: cuando se bajan los precios, el consumidor reacciona. ¿Cuanto tendrían que bajar el precio de las viviendas para que empezaran a venderse?… Quien tenga la respuesta se hará mas millonario que Bill Gates.

Mientras aparece ese genio, propongo que el Ministerio de Industria presente unas cuentas sencillas: comparar los de euros gastados con el Plan2000E con el dinero extra que ingresará la Hacienda por mayor venta de coches y con la cantidad ahorrada en subvención al paro por los trabajadores que siguen en su empleo gracias a la subvención de 2.000 euros por coche, que tampoco es tanto.

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.