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Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

La filosofía empresarial de Amancio Ortega, contada por él mismo (II)

Hace algunos años pasé un día en Arteixo (La Coruña) con Amacio Ortega y su mano derecha, José Mª Castellano. Me impresionaron algunas reflexiones del emprendedor.

No recuerdo la fecha exacta, sí que iba acompañado de Luis Díaz Güell (a la sazón trabajámos juntos,  él como director y yo como editor del semanario Actualidad Económica) y que en ese mismo día se hizo público el nombramiento de Castellano como consejero delegado de Inditex. El nombramiento formalizaba una estructura gerencial de la que Ortega no era muy partidario, pero que admitió porque ya Inditex suscitaba mucho interés en la opinión pública (y financiera) y por nada del mundo él quería convertirse en en la imagen y portavoz de un grupo lanzado al crecimiento.

Quizas ese mismo horror a las apariciones públicas es el que le ha llevado ahora a anunciar su retirada: los medios del corazón andan detras de su única hija y se preguntan quien es su novio y si será la sucesora en la cúspide del imperio. Ya me lo dijo aquel día que pasamos juntos: “por nada del mundo renunciaría al anonimato que me permite pasear por Coruña sin ser identificado mas que por mis amigos”.

También la defensa de su intimidad explica que no acudiera el pasado noviembre al Palacio de la Moncloa donde le había invitado el Presidente del Gobierno con otros 30 empresarios españoles. Excuso su asistencia “por compromisos anteriores” , mandó a Pablo Isla y se evitó el acoso de los fotógrafos. En los archivos periodísticos solo hay dos fotos de Amacio Ortega: una de tamaño carnet que se distribuyó con la salida a Bolsa de Inditex y otra en un hipodromo mientras veía la actuación de su hija en un concurso hipico.

Lo que me dijo

“Cuando trabajaba en la camisería de mis tíos en Coruña veía que, al llegar la primavera, se guardaban hasta el año siguiente los abrigos no vendidos durante el invierno. Esa cadencia tradicional ponía a las fabricantes y comerciantes por encima de los intereses y gusto de los consumidores”.

“Zara no hace publicidad –solo una página al año anunciando las rebajas– y las fachadas de sus tiendas son voluntariamente anodinas. Si forzara su imagen con campañas y fachadas llamativas correríamos el peligro de ser identificados como simbolo de una generación y luego seríamos rechazados por la siguiente”.

“A mi donde me gusta estar y donde paso la mayor parte del tiempo es en el diseño”.

“Es vital la información inmediata sobre lo que se vende y lo que no se vende. Y es esa información la que marca reposiciones e innovaciones en las tiendas, que cada miércoles deben tener un surtido nuevo”.

“A veces –hoy, por ejemplo– las máquinas están casi inactivas. Quizás podríamos reducir la capacidad de producción pero eso nos impediría alcanzar la producción en los momentos críticos”.

Las comillas de las frases anteriores no significan que sean textuales, pero sí el esfuerzo que he puesto en escribir fielmente mis recuerdos de aquel día.

Lo que yo deduje

La innovación empresarial, además de obligada, siempre es posible, incluso en sectores tan maduros y tradicionales como el textil. Innovar no significa necesariamente montar un site en Internet o encontrar una aplicación para Apple.

Amancio Ortega habla del diseño con la misma pasión que cualquier otro emprendedor habla de su criatura. Recuerdo que en una  asamblea del Iese, Josep Mª Pujol el fundador de Ficosa, la multinacional española dedicada a componentes del automovil decía que el contrataba ejecutivos cuando los veía capaces de enamorarse de una caja de cambios.

Nunca me habló de finanzas ni de diversificación. Seguramente fue el empeño por diversificar lo que provocó la salida de José Mª Castellano de Inditex. Ortega estuvo siempre centrado en la actividad del grupo.

… Y las fabulosas ganacias que ha conseguido –que según dicen le procuran un rendimiento de no menos de 400 millones al año– las invierte en piedras. Innovación en lo suyo y tradicional en el resto.

Amancio Ortega en el país de los camareros (I)

Seguramente es el mejor empresario que ha dado España en el último siglo y medio. Hacen falta mucha gente como él, que monte empresas y no negocios. Su jubilación obliga a plantearse una pregunta: ¿Por qué en España no hay una docena de Amacios Ortega?

Desde cero  levantó  Inditex, el más importante grupo textil del mundo: el gran mérito profesional de Amancio Ortega es que lo ha conseguidó en un entorno económico que mayoritariamente  produce camareros. Adelanto que, como todo trabajo humano desempeñado con honradez y competencia, el de camarero es un oficio tan digno de respeto  como del mejor neurocirujano. Con todo, servir las cañas y cafés que piden los clientes de una barra o de una terraza es un oficio sin futuro económico por la sencilla razón de que no es escalable. Me explico.

El negocio de la hostelería, que tras la caída del inmobiliario  vuelve a ser el más importante de España, es un negocio intensivo en capital humano.  Un camarero puede atender, digamos, diez mesas; si el negocio va bien y su propietario quiere aumentarlo con otras diez mesas, debe alquilar más espacio, comprar una cafetera adicional y contratar otro camarero y así indefinidamente: el último café vendido tiene, prácticamente el mismo coste, sobre todo salarial, que el primero.

Por el contrario el modelo de negocio de todas las empresas filiales de  Inditex se fundamenta en que el costo de diseñar, fabricar y vender de una camisa es menor a medida que se fabrican y venden mayor número de camisas de un mismo modelo. Para vender, digamos, cien camisas hace falta un empleado, pero para vender mil no hacen falta diez empleados, sino ocho y para vender cien mil, la proporción sigue bajando.

En definitiva Inditex es una empresa  y lo que abundan en España son negocios del sector servicios, intensivos en capital humano y con una limitada capacidad de crecimiento; el virus afecta  no solo a los camareros, sino también a abogados, profesores, publicitarios, taxistas, consultores, pilotos y, hasta ahora, albañiles. La limitación de este modelo castizo es que la legítima mejora de sueldos a la que todo el mundo aspira se refleja de inmediato en inflación y pérdida de competitividad: si un café con leche es más caro en España que en Grecia, el turista preferirá  Grecia.

¿Por qué España ha dado tan pocos empresarios como Amancio Ortega? Es la pregunta del millón de euros. Mi contestación provisional y resumida es que la dictadura resultante de la Guerra Civil 1936-39 provocó que las burguesías industriales del País Vasco y Cataluña vivieran tranquilas concentradas en el mercado interior, enriqueciéndose al socaire del proteccionismo franquista,  y cuando llegó la hora de la apertura al exterior las empresas textiles y de maquinaria ya se habían quedado obsoletas. Quizás haya docena y media de excepciones a lo que digo.

En la actualidad, las propuestas de los jóvenes emprendedores españoles andan siempre cerca de ese modelo de economía de servicios, que aunque ahora esté basado en Internet no produce economías de escala. Seguramente también hay propuestas en la mejor dirección, pero estas no encuentran capital.

Permanezcan atentos a la pantalla, que seguiré informando.

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.