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Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

¿Cómo ligar los salarios de los camareros a su productividad?

La economía española no está en condiciones  de adoptar el principio de ligar salarios con productividad,  porque sus peculiaridades  obligan a que cualquier crecimiento de productividad se derive de  una reducción salarial.

Ligar salarios y productividad. Seguramente no existe principio económico más razonable para mantener los equilibrios fundamentales de una economía. Esos equilibrios que ahora ha perdido Europa y particularmente España. Un buen criterio que, además, ha sido promovido por quien puede hacerlo, Angela Merkel,  la superjefa de la gran economía europea, Alemania.

El país que siguiera ese criterio, tendría en poco tiempo un horizonte económico despejado, porque con la productividad  creciendo por encima de los salarios, aumentaría también la competitividad internacional, las exportaciones provocarían el crecimiento económico y con el crecimiento se alcanzaría la posibilidad de saldar las deudas. Total que como diría un castizo: ligar los salarios a la productividad tiene más cualidades que el Aloe Vera.

La mala noticia es que la economía española no está en condiciones  económicas ni sociales para adoptar un principio tan elemental, por la sencilla razón de que sus características le obligan a que cualquier crecimiento de productividad se produzca mediante una reducción salarial. El mejor ejemplo de lo que  quiero decir se encuentra en el turismo, la llamada primera industria nacional.

No es lo mismo un bar que una fábrica

Según cifras recientes del Instituto Nacional de Estadística, en España hay un millón de camareros, personas cuyo trabajo consiste en preparar y llevar alimentos y bebidas de una cocina a una mesa o a una barra. ¿Cómo puede un camarero, o una empresa de hostelería, aumentar su productividad? En una factoría industrial siempre es posible automatizar más los sistemas o, incluso, poner turnos de 24 horas, de forma que casi con la misma máquina y un equipo que la controle se puede doblar la producción. Pero la hostelería, al fin y al cabo un servicio, es muy distinta de la industria: cualquier aumento de producción pasa por una inversión casi equivalente, de forma que la productividad sigue estancada… Y en España hay más bares que fábricas, o dicho por lo fino más sector servicios que industria.

Y el gran problema de la economía española estriba precisamente ahí: que es una economía de servicios o, como a veces se dice con cierto derrotismo, somos un país de camareros. Y es que efectivamente en una economía de servicios turísticos hay poco valor añadido y comporta la permanente amenaza de la inflación: si el café que hoy vale un euro y mañana cuesta dos, no se debe a una mejora del café, sino sencillamente a una pérdida de valor de la moneda. Es una productividad engañosa, de la misma forma que tampoco es real el eventual aumento salarial que es a la vez causa y efecto de la subida del precio del café.

Ya lo dijo Krugman

Antes que Angela Merkel pusiera a la economía española entre la espada del euro y la pared de la paupérrima  productividad, el omnipresente Premio Nobel de Economía, Paul Krugman ya diagnosticó el problema español: para recuperar productividad y estabilidad, la economía en su conjunto (precios, salarios, etc.etc) debería devaluarse en un 20 por ciento… Proceso doloroso, además de lento, pero cuya velocidad, rebus sic estantibus marcará la velocidad de salida de la crisis.

¿Se imagina alguien a los sindicatos españoles aceptando rebajas salariales reales?. El que tenga una respuesta afirmativa que pida hora en el psquiatra, porque evidentemente su actividad cerebral necesita ayuda médica: si los sindicatos no han aceptado reformas menos importantes, desde luego que no van a aceptar una vinculación directa entre salarios y productividad.

José Manuel Campa los deseos, Paul Krugman las necesidades

Los futboleros dirían que ha sido una semana “de infarto”: Grecia, no; Grecia, si; Grecia, según. Trinchet, el gobernador del Banco Central Europeo, vuelve precipitadamente de Australia (donde ahora no hace tanto frío como en Frankfurt), Sarkozy llama al Primer Ministro griego, Papandreu, finalmente y una vez más, la UE no consigue una posición clara. Los españoles temblando, por lo de las barbas del vecino, y Rodríguez Zapatero en las nubes asegurando  que ha jugado un papel muy activo.
De entre tanta algarabía me quedo con dos documentos que para mi representan la realidad de la situación: la presentación del Secretario de Estado de Economía ante los analistas de la city  y el último post de Paul Krugman en su blog del New York Times.
Campa tenía un objetivo: convencer a los inversores institucionales del mundo mundial que España estaba en condiciones a) de hacer frente al pago de la deuda actual y b) de conseguir financiación suficiente para sus planes. A lo largo de 53 slides  argumentó de forma convincente y con datos. Los analistas son como son y no les valen esos argumentos de Rodríguez Zapatero de que España saldrá de la crisis antes que nadie porque los españoles somos gente de fiar. Datos precisos sobre el endeudamiento actual y futuro del sector público y un calendario tentativo de emisiones: para este daño el Reino de España debe emitir 97 mil millones de euros y aumentará su deuda neta en 78 mil millones.
Al terminar el repaso de toda la presentación a uno le queda la sensación de que es adecuada al objetivo más urgente que es evitar el encarecimiento de la deuda española por temor de los inversores a un default , pero que da por supuesto cosas difíciles de aceptar para el observador más cercano de la realidad nacional. Sobre todo la segunda parte (diapositivas 17 a 31) dedicada a las reformas estructurales. Sin duda son reformas que deben hacerse, seguramente son las que haría el Secretareio de Estado si fuera Presidente, pero es muy pequeña la probabilidad de que el Gobierno actual ponga manos a la obra.
El blog de Paul Krugman, que además de Premio Nobel de Economía es un relativamente buen conocedor de España y su circunstancia económica, insiste en su diagnóstico: España produce ahora la misma riqueza que en 2000, pero un 20 por ciento más caro, ergo para superar la crisis toda la economía española debe hacer una esfuerzo de reducción de costes y salarios del 20 por ciento.
Como argumento resulta irrebatible y seguramente las hipotéticas medidas anunciadas por Campa son las adecuadas… El problema, una vez más, es que del dicho al hecho hay un largo camino y no sed ve a nadie con ánimo de andarlo. Pero bueno: Krugman ha dicho lo que nos pasa y Campa ha expuesto las soluciones. En medio de la tormenta, no está mal tener esas certezas.

Los futboleros dirían que ha sido una semana “de infarto”: Grecia, no; Grecia, si; Grecia, según. Trinchet, el gobernador del Banco Central Europeo, vuelve precipitadamente de Australia (donde ahora no hace tanto frío como en Frankfurt), Sarkozy llama al Primer Ministro griego, Papandreu, finalmente y una vez más, la UE no consigue una posición clara. Los españoles temblando, por lo de las barbas del vecino, y Rodríguez Zapatero en las nubes asegurando  que ha jugado un papel muy activo.

De entre tanta algarabía me quedo con dos documentos que para mi representan la realidad de la situación: la presentación del Secretario de Estado de Economía (PDF, 332 KB) ante los analistas de la city  y el último post de Paul Krugman en su blog del New York Times.

Campa tenía un objetivo: convencer a los inversores institucionales del mundo mundial que España estaba en condiciones a) de hacer frente al pago de la deuda actual y b) de conseguir financiación suficiente para sus planes. A lo largo de 53 slides  argumentó de forma convincente y con datos. Los analistas son como son y no les valen esos argumentos de Rodríguez Zapatero de que España saldrá de la crisis antes que nadie porque los españoles somos gente de fiar. Datos precisos sobre el endeudamiento actual y futuro del sector público y un calendario tentativo de emisiones: para este daño el Reino de España debe emitir 97 mil millones de euros y aumentará su deuda neta en 78 mil millones.

Al terminar el repaso de toda la presentación a uno le queda la sensación de que es adecuada al objetivo más urgente que es evitar el encarecimiento de la deuda española por temor de los inversores a un default , pero que da por supuesto cosas difíciles de aceptar para el observador más cercano de la realidad nacional. Sobre todo la segunda parte (diapositivas 17 a 31) dedicada a las reformas estructurales. Sin duda son reformas que deben hacerse, seguramente son las que haría el Secretareio de Estado si fuera Presidente, pero es muy pequeña la probabilidad de que el Gobierno actual ponga manos a la obra.

El blog de Paul Krugman, que además de Premio Nobel de Economía es un relativamente buen conocedor de España y su circunstancia económica, insiste en su diagnóstico: España produce ahora la misma riqueza que en 2000, pero un 20 por ciento más caro, ergo para superar la crisis toda la economía española debe hacer una esfuerzo de reducción de costes y salarios del 20 por ciento.

Como argumento resulta irrebatible y seguramente las hipotéticas medidas anunciadas por Campa son las adecuadas… El problema, una vez más, es que del dicho al hecho hay un largo camino y no sed ve a nadie con ánimo de andarlo. Pero bueno: Krugman ha dicho lo que nos pasa y Campa ha expuesto las soluciones. En medio de la tormenta, no está mal tener esas certezas.

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.