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Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

Tormenta sobre el Banco Central Europeo

En su primera reunión de abril, el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo se enfrenta a un dilema. Los políticos  advierten que si sube los tipos como quiere el Presidente Trichet, se dificultará la recuperación económica. Pero dejar los tipos como están demostraría que el BCE se sujeta a la conveniencia política.

En el primer jueves de abril el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo celebra una sesión histórica, pues en ella se juega su independencia real y aparente, las dos igualmente importantes, respecto de las autoridades políticas. A la salida de la reunión anterior, el Presidente del BCE, el francés Jean Claude Trichet, ya había anunciado inminentes subidas de los tipos de interés, en razón de que la inflación campaba de nuevo por la zona euro.

Las declaraciones de Trichet y las posteriores del Economista Jefe del BCE, el alemán Juergen Stark, fueron automáticamente criticadas por el común de los economistas: subir ahora los tipos de interés sería yugular la incipiente recuperación de Europa central y aumentar los problemas de los países periféricos.

Dada mi enciclopédica ignorancia, me siento incapaz de exponer una opinión fundada sobre la cuestión; en todo caso, si tengo claro que ante las presiones explícitas de los economistas e implicitas (o subterráneas) de los Gobiernos de la zona euro, Jean Claude Trichet debería dar un puñetazo en la mesa y subir los tipos, precisamente para dejar claro que la misión fundacional del BCE es defender el valor de la moneda, sin aceptar presiones ni influencias políticas o parapolíticas.

Es verdad que ahora una subida de tipos sentaría mal a la actividad económica, pero sería aún peor que el público y los mercados advirtieran que el BCE se mueve al tran-tran de las presiones exteriores. El éxito económico alemán después de la II Guerra Mundial se debió en buena parte a la independencia del Bundesbank respecto del Gobierno y, no se debe olvidar, el BCE es el sucesor por línea directa del Bundesbank.

Adicionalmente, si el BCE sube los tipos y demuestra que mantiene su independencia frente a la tormenta, será un buen ejemplo para el Reino de España, donde las instituciones –desde el Banco de España al Tribunal Constitucional, pasando por las diferentes comisiones supervisoras– padecen la manipulación de los partidos.

 

 

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.