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Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

Señor Rato, tengo una pregunta para usted

Rodrigo Rato, su equipo y sus banqueros están preparando las maletas para presentar Bankia en las principales plazas financieras de Europa, América y Asia. Afronta lo que será uno de los road show más difíciles de los últimos años. Analistas e inversores harán preguntas impertinentes, que no pueden quedar sin respuesta.

1. ¿Qué me está vendiendo usted? Antes de su salida a Bolsa, Bankia se dividió en dos: el banco malo y el banco bueno. En el Banco Financiero y de Ahorros (el malo) se concentran, además de algunas participaciones de sociedades cotizadas en bolsa –Mapfre, Iberdrola, Indra– los préstamos  fallidos o que están a punto de fallar. Aunque a los inversores sólo se les ofrecerán acciones de Bankia, que es el banco bueno, querrán conocer a fondo las cuentas del banco malo, porque este será el primer accionista de Bankia y su situación puede influir en la marcha del banco bueno. De hecho, la necesidad de que se haga pública la situación del BFA con el mismo nivel de detalle que la de Bankia, ha sido uno de los últimos escollos que ha debido superar Bankia para conseguir colocadores de sus acciones.

2. ¿A cuánto me lo vende usted? El precio de los bancos se suele establecer en función de su patrimonio neto –es decir el valor de los activos, menos las deudas–. Como Bankia nunca ha cotizado en bolsa, el valor de sus activos es muy difícil de calcular, sobre todo después del costalazo inmobiliario. Por eso, la clave del éxito o fracaso de la operación salida a Bolsa está en el descuento sobre el patrimonio neto que apliquen los compradores de acciones. Todo lo que sea colocar con un descuento del 0,5  o más, será muy malo… Y gran éxito todo lo que vaya por encima del 0,8. Levantar menos de tres mil millones será un fracaso.  Hace dos semanas, las obligaciones convertibles de La Caixa sólo consiguieron colocarse al 0,8 por ciento del valor patrimonial, con una demanda raquítica, que apenas superó la oferta de sólo 1.741 millones, cuando La Caixa buscaba 1.500… Y eso que el mercado descuenta que La Caixa es mejor y más solida que Bankia.

3. ¿A quién se lo piensa vender? En principio la mitad de la oferta, de entre 3.000 y 4.000 millones, va destinada al mercado de particulares y la otra mitad al de institucionales. Colocar a los particulares a través de las sucursales es misión relativamente sencilla –a pesar de la experiencia de La Caixa– si se compara con la de los inversores institucionales, que tienen el culo pelado de hacer valoraciones y regatear precios. Bankia saldrá tocada del ala si finalmente inversores los particulares compran más del 50 por ciento.

3. ¿Cómo se les ocurre salir a Bolsa ahora, con la que está cayendo? No es decisión propia, sino ajena: el Gobierno decidió que antes de septiembre la Caja de Ahorros que no se hubiera capitalizado por su cuenta –vía Bolsa o inversores institucionales– sería nacionalizada a través del FROB. En estas circunstancias, los inversores deben comprar la idea de que el negocio de Bankia no está en el crecimiento de los ingresos, sino en su habilidad para reducir costes, cerrando oficinas y jubilando personal. Como concepto es realista, pero mucho menos estimulante que el de comprar un negocio en expansión y con un mercado más tranquilo.

4. ¿Quiénes son ustedes? Bankia cuenta con un equipo directivo desconocido, que procede de siete entidades con culturas diferentes, a ese melting pot se añade que el de la organización más grande, Caja de Madrid es un equipo desmotivada p0r dos años de incertidumbre.  Rodrigo Rato sí es conocido en los mercados, pero más en su condición de político que como un gestor y, como él mismo dijo una vez “un Gobierno no tiene cuenta de resultados”. El consejero delegado Francisco Verdú venía poner en marcha un proyecto de expansión de la Banca March, que le costó el puesto.

5. ¿De dónde vienen ustedes? Bankia es inseparable de la situación de España –donde se concentra todo su negocio– y viceversa. Desde luego en este momento, la marca España no es el mejor aval… Pero precisamente por eso, todas las fuerzas vivas españolas –Gobierno, Banco de España, Banco Santander y otros bancos privados– juntarán sus fuerzas para que la operación no empantane porque de alguna forma Bankia somos todos

Cajas de Ahorro: cuatro razones para no creer al Banco de España

El Banco de España, y el Gobierno, hablan de las cajas de ahorro desde un perspectiva exclusivamente financiera: si 20 mil millones de euros bastaran para arreglar el problema de las cajas, las cajas no tendrían problema. Politización, gestión paralizada y las dificultades del mercado son problemas más graves.

La Vicepresidenta Económica, Elena Salgado, y el Gobernador del Banco de España, Miguel Angel Fernández Ordóñez, se han empeñado en tratar el asunto desde una perspectiva exclusivamente financiera y así las cuentas les salen estupendamente.

El sector, según cifras facilitadas por el Gobernador, tiene comprometidos 217 y pico mil millones de euros en créditos al sector inmobiliario-constructor. De esos, hay 100 mil millones con problemas, actuales o potenciales; desde luego es una cifra enorme, pero como las cajas ya han apartado dinero para compensar el 77 por ciento de esas pérdidas, resulta que en el improbable caso de que todos esos préstamos resultaran impagados, el problema se reduciría a 20 mil millones.

Ya digo, una cifra impresionante pero asumible por la economía española y que en todo caso no pone en peligro de quiebra o insolvencia a las cajas… ¡Un jamón, dijo la bruja Món!.

1.El problema más importante de las cajas no es el dinero, aunque no conviene olvidarlo, sino su naturaleza jurídica que obliga a una gestión poco eficiente en términos de negocio. Si los bancos españoles tienen muchos menos créditos inmobiliarios no es porque los banqueros sean más listos que los cajeros, sino porque la injerencia política en los bancos ha sido mínima. A muy pocos banqueros se les ha arrimado un político para decirle “trátame bien a este inmobiliario que es buena gente”, mientras que la gestión de los cajeros siempre ha estado condicionada por el concejal, el diputado provincial, el consejero…

2. Es verdad que las nuevas leyes y decretos sobre las cajas tratan  de despolitizar, siquiera ligeramente la gestión de las cajas, pero en interim las cajas están paralizadas. Y hay razones para la paralización. Algunos ejemplos: en el País Vasco no se sabe si el PNV seguirá mandando en las Cajas, o el PSE conseguirá sacar adelante una nueva legislación que cambie el panorama; en Caja de Madrid, la alta dirección ha sido puesta al pié de los caballos por su propio Presidente que les ha negado el fondo de pensiones mientras prepara el suyo; CatalunyaCaixa anda en busca de identidad (¿el Sabadell? ¿otra fusion  cajera?), reflejo de que el PSC también está perdido; pregunten por las cajas gallegas: mano sobre mano hasta el Presidente de la Comunidad, Alberto Nuñez Feijoo, les diga que camino deben tomar: seguir como cajas o cambiar a bancos… Es humano que los directores generales, directores y demás jefes de esas cajas  dediquen más tiempo a hacer pasillo para saber como quedará lo suyo que al negocio.

3. Además de la reconversión jurídica, las cajas deben afrontar un proceso de adelgazamiento, reduciendo oficinas ( entre el 10 y el 25 por ciento) y plantilla (entre el 12 y el 18 por ciento), según cálculos del Banco de España. Ese proceso debe realizarse en las condiciones tan adversas que resulta imposible visualizar el cómo, el cuando… El cuanto no ha sido explicitado por el Banco de España, pero dadas las circunstancias resulta difícil creer que saldrá de las respectivas cuentas de resultados.

4. La película contada por el Gobernador se terminaba abruptamente en el día de hoy, pero ¿qué pasara mañana? ¿van a dejar de tener impagados? ¿cómo sustituirán las cajas el negocio perdido en el inmobiliario? ¿de donde sacarán los recursos para conceder créditos?, ¿como se apañarán para sacar adelante una cuenta de resultados en un mercado paralizado? No es que Moody’s et alia tenga manía a las cajas españolas, es que las cajas lo tienen muy crudo

El lector avisado (en el caso de que haya algún lector, porque avisados lo son todos), se dará cuenta que no se puede calcular cuanto dinero necesitan las cajas españolas para salir del bache si antes no se resuelven los problemas mencionados… Y esa incertidumbre seguirá presente en los mercados mayoristas de dinero cada vez que una caja española vaya a pedirlo.

 

 

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.