14 nov 2011 6
Los mercados tienen la culpa ¿de qué?
Responsabilizar a los mercados de la quiebra de Grecia o de la caída de Berlusconi es como culpar a la ley de la gravedad de la muerte de un niño que se cayó desde el cuarto piso. El mercado no es un juez inapelable y sin sentimientos: solo un mecanismo que separa lo eficiente de lo ineficiente, del mismo modo que viento separa el grano de la paja.
A estas alturas de la película, responsabilizar a los mercados de la crisis financera global y pedir que la política vuelva a mandar sobre la economía es un solemne sinsentido. El mercado es un sencillo mecanismo para hacer más eficientes unos recursos económicos, siempre escasos. A lo largo de la historia se han inventado, y practicado, otros mecanismos de asignación de recursos (como la planificación estatal) con resultados económicos y políticos desastrosos. El mercado no es perfecto, pero no existe nada mejor.
En lo que digo no hay ninguna carga de ideología política, pues desde la derecha y desde la izquierda se han roto los mecanismos del mercado: tan culpables de la crisis son José Luis Rodríguez Zapatero, que gastó sin control, como aquellos grandes banqueros americanos que vendieron siete veces la misma hipoteca subprime como si fuera buena. Ni la socialdemocracia mas exigente, ni el capitalismo garantizan el respeto al mercado.
Al fin y al cabo las reglas del mercado son tan claras como las de la ley de la gravedad: no se debe de gastar más de lo que se tiene y cuando se pide el dinero prestado, el acreedor toma el mando. La política actúa a partir de ahí: sin gastar más de lo debido se pueden desarrollar políticas económicas muy diferentes; para mantener el equilibrio fiscal no es necesario subir los impuestos, pues a veces es mejor reducir los impuestos y los gastos… Nada que no sepa un ama de casa.
La competencia entre diferentes empresas forma parte también del mecanismo de una distribución eficiente de los recursos económicos. Cuando el Estado (versión socialdemocrata) o el oligopolio/monopolio (versión capitalista) fijan los precios, se acabó la eficiencia y el lobo espera a la vuelta de la esquina. Y eso también lo saben las amas de casa: la mejor manera de conseguir buenos precios es que los supermercados estén próximos.
O sea que en realidad, el mercado es puro sentido común y cuando la política económica va contra el sentido común pasa lo que está pasando: se ha estirado más el brazo que la manga y como la manga no da mas de sí hay que cortar el brazo. ¿Insensibles los mercados? No, irresponsables los políticos y financieros.
Cuando en los próximos años estalle la burbuja de Brasil que, por favor, nadie culpe a los mercados de la miseria que volverá a las favelas.
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