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Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

Los mercados tienen la culpa ¿de qué?

Responsabilizar a los mercados de la quiebra de Grecia o de la caída de Berlusconi es como culpar a la ley de la gravedad de la muerte de un niño que se cayó desde el cuarto piso. El mercado no es un juez inapelable y sin sentimientos: solo un mecanismo que separa lo eficiente de lo ineficiente, del mismo modo que viento separa el grano de la paja.

A estas alturas de la película, responsabilizar a los mercados de la crisis financera global y pedir que la política vuelva a mandar sobre la economía es un solemne sinsentido. El mercado es un sencillo mecanismo para hacer más eficientes unos recursos económicos, siempre escasos. A lo largo de la historia se han inventado, y practicado, otros mecanismos de asignación de recursos (como la planificación estatal) con resultados económicos y políticos desastrosos. El mercado no es perfecto, pero no existe nada mejor.

En lo que digo no hay ninguna carga de ideología política, pues desde la derecha y desde la izquierda se han roto los mecanismos del mercado: tan culpables de la crisis son José Luis Rodríguez Zapatero, que gastó sin control, como aquellos grandes banqueros americanos que vendieron siete veces la misma hipoteca subprime como si fuera buena. Ni la socialdemocracia mas exigente, ni el capitalismo garantizan el respeto al mercado.

Al fin y al cabo las  reglas del mercado son tan claras como las de la ley de la gravedad: no se debe de gastar más de lo que se tiene y cuando se pide el dinero prestado, el acreedor toma el mando. La política actúa a partir de ahí: sin gastar más de lo debido se pueden desarrollar políticas económicas muy diferentes; para mantener el equilibrio fiscal no es necesario subir los impuestos, pues a veces es mejor reducir los impuestos y los gastos… Nada que no sepa un ama de casa.

La competencia entre diferentes empresas forma parte también del mecanismo de una distribución eficiente de los recursos económicos. Cuando el Estado (versión socialdemocrata) o el oligopolio/monopolio (versión capitalista) fijan los precios, se acabó la eficiencia y el lobo espera a la vuelta de la esquina. Y eso también lo saben las amas de casa: la mejor manera de conseguir buenos precios es que los supermercados estén próximos.

O sea que en realidad, el mercado es puro sentido común y cuando la política económica va contra el sentido común pasa lo que está pasando: se ha estirado más el brazo que la manga y como la manga no da mas de sí hay que cortar el brazo. ¿Insensibles los mercados? No, irresponsables los políticos y financieros.

Cuando en los próximos años estalle la burbuja de Brasil que, por favor, nadie culpe a los mercados de la miseria que volverá a las favelas.

Hacienda frente a Botin y Belen Esteban

Que se lo pregunten a Belen Esteba y Emilio Botin: si debes un millón a Hacienda tienes un problema; si le debes mil millones, el problema es de Hacienda. Dicen que el fisco se propone confiscar el chalet adosado a la Esteban pero la Agencia Tributaria no se atreve a mirar la documentación que ha permitido a la familia Botín tener una fortuna escondida a la Hacienda Pública durante 75 años.

Nunca se había visto que la Agencia Tributaria se arrugara como lo ha hecho en el caso de la familia Botín. Según dicen las fuentes oficiosas, desde que 1936 el padre de Emilio Botin puso al buen recaudo suizo una parte del patrimonio familiar, nadie se acordó de él… Hasta que un villano vendió los nombres y apellidos que se escondían tras de las cuentas cifradas del HSBC y solo entonces la familia Botín –los patriarcas Emilio y Jaime, así como los cinco hijos de cada uno– se acordó del dinero,  hizo la correspondiente declaración complementaria y pagó 200 millones a Hacienda para que todo se olvidara.

A grosso modo, y según los fiscalistas familiarizados con estas vicisitudes, 200 de millones de complementaria y la correspondiente sanción pueden equivaler a un principal de 2.000 millones de euros. Y no hay que ser un experto para concluir que con 2.000 millones de euros anónimos se pueden, a lo largo de los últimos 75 años, haber hecho maravillas en la Bolsa española (y en otras, pero al cabo el dinero era de procedencia española). La Agencia Tributaria, en lugar de revisar documentos e historiales, se quitó el muerto de encima mandandoselo a la Fiscalía para que allí determinaran si se presentaban indicios de delito fiscal o no. Pero tampoco la fiscalía se atrevió a estudiar el asunto y, a su vez, se lo remitió al Juez, para que Su Señoría decidiera… Cuando le parezca oportuno.

Por un lado tenemos a los talibanes de la Agencia Tributaria que en tantos casos y movidos por una imaginaria ejemplaridad pública no han dudado en meter horas para comprobar  si se ha pagado el IVA de los cafés. Y por  otro lado tenemos a los fiscales incorruptibles que persiguen la corrupción a mandobles,  que se atreven con Belén Esteban. Y resulta que inspectores y fiscales poderosos frente al débil, se arrugan frente al verdaderamente poderoso Botín y pasan la pelota al siguiente, en lugar de proceder como de costumbre, como lo hacen con el común del empresariados y de la ciudadanía.

Me encuentro entre los que piensan que la Agencia Tributaria y las Fiscalía deben ser reformadas para cumplir mejor con su misión. Pero mientras la necesaria reforma llega o deja de llegar, resulta decepcionante ver el trato desigual que reciben los que tienen la desgracia de caer en el radar de esas instituciones, o de sus jefes. No conozco a Belen Esteban y debo ser de los pocos que tampoco ha tenido la oportunidad de verla en televisión, pero sí he vivido muy de cerca casos en los que gente del común ha pasado injustamente por el banquillo de los acusados y a los que las sucesivas sentencias judiciales absolutorias no han resarcido de la afrenta.

 

 

 

 

 

 

muchos año

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.