la informacion .com

Jose María García-Hoz

Icon

Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

Presupuestar es presuponer

Un presupuesto es antes que nada un pronóstico. Cualquier entrenador de cualquier equipo de la Liga BBVA tiene su propio presupuesto: tantos partidos a jugar en la temporada, tantos puntos ganados contra tales y tales rivales, tantos puntos perdidos…Y al final, una posición en la tabla. Situaciones distintas, presupuestos distintos: para el Barça o el Madrid un presupuesto que no sea ganar la Liga es, sencillamente, una presución impresentable. Valencia, Sevilla están ahí, disputando clasificaciones de Champions, mientras que otros bastante tienen con mantener la categoría.

En las empresas pasa igual: es el consejero delegado quien avizora el futuro, calcula sus fuerzas y las de sus competidores y llega a una conclusión: este año venderemos tanto, gastaremos tanto y ganaremos (o perderemos) tanto. Si acierta, paga doble; si supera el pronóstico, paga cuadruple; y si se queda por debajo, a la calle.

En el Estado, en las Autonomías y en los Ayuntamientos, más de lo mismo. Cuando el Gobierno presenta los Presupuestos Generales del Estado, lo hace partiendo de unas presunciones que afectan directamente a las cifras finales. Las cifras suministradas hasta ahora no dan para mucho análisis, porque son incompletas; con todo, el Gobierno parte con un handicap notable en su credibilidad. Recuerda a los entrenadores que no cumplieron las expectativas la temporada anterior y que si no están cesados es porque despedirlos cuesta mucho dinero.

A pesar de que se elaboraron en plena crisis económica, con Lheman Brothers quebrado, no se ha cumplido ninguna de las grandes presunciones del Gobierno para los Presupuestos Generales actualmente vigentes (los de 2009): el PIB ha decrecido mucho más de los presupuestado, los ingresos han estado por debajo y los gastos muy por encima y, sobre todo, el paro ha reveventado negativamente de cualquier previsión. En términos económicos el sector público español está esnafrado.

Con estos antecedentes: ¿Quien se va a creer las presunciones que presenta el Gobierno para el año que viene?. Hay algunas cifras que darían risa, sino fuera por el miedo que producen: el año que viene, el déficit público va a reducirse a la mitad.¿ En qué colondrón cabe  esa machada?.

Si el consumidor español está atacado por el virus de la desconfianza, la peor medicina es precisamente esa: presentar presupuestos apoyados en presunciones que nadie se puede creer.

Pep Guardiola cuenta con una credibilidad presupuestaria avalada por sus resultados anteriores; Manuel Pellegrini se beneficia del crédito que siempre recibe el que llega nuevo a una plaza. Rodriguez Zapatero ni tiene resultados que le avalen y ya es una cara demasiado conocida por la afición, a la que solo puede asegurar que deberá pagar más impuestos. A menos que renuncie, tiene contrato hasta 2012.

Suscripción por email

Recibe cada semana un email con los nuevos artículos

Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.