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Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

Pues va a resultar que España sí como es Grecia

España, como Grecia hace año y medio, está falseando las cuentas públicas. Ya salen los primeros datos: solo en sanidad, el déficit oculto, no reflejado en la contabilidad oficial equivale al 1,5 por ciento del PIB.

Hace poco más de un año, los españoles bienpensantes se escandalizaban de que Grecia hubiera falseado sus cuentas para presentarlas a la Unión Europea. “¡Es lo último! –exclamaban indignados los responsables de Economía y Hacienda– España no es Grecia, aquí las cuentas son menos malas y además están claras”.

Pues España no será Grecia, porque efectivamente la economía española es mucho mas grande, y más fuerte que la griega ,pero los dos países son iguales porque Madrid, como Atenas, ha falseado sus cuentas públicas y de eso ya están al cabo de la calle en Bruselas, Londres, Francfort y Berlín: ciertamente el Gobierno de Madrid ha cumplido con sus obligaciones informativas y, mes a mes, ha publicado el estado de ingresos y gastos, en los que se reflejaba un descenso sostenido del déficit público.

Ahora resulta que la transparencia y la calidad de la información se refería solo a las cuentas del Estado, sin sumar las de autonomías y ayuntamientos, que representa una tercera partes de los gastos e ingresos del sector público nacional. Es como si Telefónica, al presentar trimestralmente su balance y cuenta de resultados, se “olvidara” de sumar las cuentas de Brasil: un falseamiento puro y duro que rebaja aún más la escasa cre que merece España entre sus socios de la Unión Europea y en los mercados internacionales, que son los que deben prestar dinero.

Alberto Nuñez Feijoo,  presidente  de Galicia y antes director general del Insalud, en una reunión de los presidentes autonómicos del PP de la que informa El País, aseguró que la deuda oculta en sanidad era de ¡15.000 millones de euros!. Ni más más, ni más menos: solo en Sanidad se está ocultando un déficit equivalente al 1,5 por ciento del PIB. Solo en Sanidad… Son dedudas que no aparecen en las cuentas, pero hay que pagarlas como si aperecieran en la primera página.

¿Culpables de este fiasco y de sus consecuencias? En primer lugar las autonomías y ayuntamientos que hayan ocultado sus déficits respectivos. En segundo, pero no menos impoertante lugar, el Gobierno de España y su Ministerio de Economía y Hacienda, también es culpable porque ni impidió ni denunció el falseamiento de cuentas.

En su primera intervención ante la prensa después der las elecciones, Mariano Rajoy anunció que autonomías y ayuntamientos serán auditados  para ver cual es la situación financiera real de cada una de ellas no es noticia: la noticia es que esas investigaciones contables resulten necesarias y no sorprendan a nadie, porque, más o menos, cualquier enterado estaba al cabo de la calle del gran pufo.

Nos creíamos, nos querían hacer creer que, aunque malas, las cuentas públicas estaban claras. Otra mentiras más que deberá explicar el buen Alfredo y su patrocinada, la vicepresidente segunda de Asuntos Económicos, Elena Salgado… Dada esa debilidad se entiende que las respuesta española por la crisis del pepino que le ha endilgado Alemania no haya sido de proteta como correspondía, sino de pedir un poquito de por favor.

Déficit público: Cataluña, la primera en cantar la gallina

En solo dos meses, el déficit público de Cataluña ha aumentado un 49 por ciento: de 4.700 a 7.000 milones de euros. Como la catalana no es muy distinta de las demás administraciones españolas, es lógico esperar que en aquellas comunidades y ayuntamientos en los  que las elecciones de mayo provoquen un cambio de poder, empezarán a salir pufos hasta ahora desconocidos.

Sin que llegara a pasar una semana de la toma de posesión del nuevo Govern, el President de la Generalitat, Artur Mas, se ha apresurado a  cantar la gallina. Las cuentas públicas no eran las que se conocían, sino otras bastantes peores, de forma que al cierre del año el déficit público va a estar muy por encima de lo acordado y previsto en fecha tan reciente como noviembre  pasado en la reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera. En aquella reunión el respresentante catalán dijo que el déficit sería de 4.700 millones y Artur Mas acaba de anunciar que no se esperan menos de 7.000 millones. En solo dos meses se ha pasado el 2,4 al 3,6 por ciento respecto del PIB.

Nadie se engañe: si Cataluña ha sido la primera en anunciar pufos –ajustes en términos políticamente correctos– se debe a que ha cambiado el partido del  Gobierno. En todas aquellos Municipios, Comunidades en los que el próximo mes de mayo el poder cambie de manos, asistiremos al mismo espectáculo de corregir las cuentas y profundizar los respectivos agujeros. También ocurrirá en el Gobierno de la Nación.

Una parte de los nuevos agujeros se deberá a la conocida práctica de echar la culpa al anterior, aunque en este punto no convendría pasarse, porque si levantan demasiadas alfombras, el polvo ahogaría al encargado de la limpieza; la parte más sustancial, sin embargo, vendrá de esas prácticas contables que sin ser estrictamente mentirosas desfiguran la realidad.

En cierta ocasión Alfonso Escámez, que se conocía la práctica contable por delante y por detrás, me dijo que de su experiencia cuando había aprendido que cuando una empresa va bien, al abrir un cajón encuentras dinero; pero si una empresa está en mala situación, las pérdidas ocultas aparecen por todas las esquinas. Creo que la consideración de este banquero astuto y práctico, resulta  de aplicación al cien por cien en prácticamente todas las administraciones públicas españolas. Bastará con que llegue alguien dispuesto a abrir los cajones.

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.