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Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

¡BENDITOS ESPECULADORES!

Estos son los hechos: cuando los “gnomos de Zurich” estaban contando las ganancias producidas en unas bolsas que no dejaban de caer en todo el mundo, la UE poner en marcha un plan financiero y el Ibex (como las demás bolsas mundiales) se da la vuelta. En ese momento, los tales especuladores se ven obligados a comprar rápidamente acciones cuyo precio sube como la espuma para poder devolver las que tenían prestadas a precios mucho más bajos.

Como el repentino movimiento comprador de la “manada de lobos” aceleró la subida, se hizo aún mayor la diferencia de precio: había tomado prestadas acciones a cien euros pensando que bajarían a ochenta y se encontraron con que las acciones que debían devolver subieron a 114 euros. Atrapadas en su propia red las arañas especuladoras se dejaron los piños y unos cuantos miles de millones millones de euros en su operación.

Visto con otra perspectiva: fue la posición bajista de los especuladores en las bolsas del sur de Europa y en la deuda de Portugal, España, Italia e Irlanda la que obligó a las autoridades europeas a reaccionar para que el tinglado del euro no saltara por los aires. Para mucha gente, entre la que me incluyo, el fortalecimiento del euro y la estabilidad financiera de España, por lo menos momentánea, es efecto inmediato de la actividad de los especuladores. Si estos no existieran, o no hubieran actuado, España “et alia” seguirían adormecidas en su camino hacia la bancarrota.

Tienen mala prensa, sobre todo entre los políticos, pero los especuladores son como la Guardia Civil de Tráfico: es una faena cuando te cascan una multa de cienes y cienes de euros, pero procura tranquilidad saber que que hay personas encargadas de vigilar por la seguridad en la carreteras y de que el personal no haga al volante mas tonterías de las que hace. Cuando un país, o un continente, se dedica a hacer el tonto financieramente hablando, llegan los especuladores a poner multas y a embolsarse el dinero de las mismas.

Jauría de lobos, vampiros chupasangres, especuladores sin entrañas… Menos bonitos, a estos escondidos manipuladores de las finanzas mundiales les han llamado de todo. ¿Cómo son? ¿Se toman para merendar la suspensión de pagos de una multinacional y se desayunan con la bancarrota de un país? ¿brindan con el champagne más caro cuando sube el desempleo?.

Me temo que la realidad es mucho más vulgar: la inmensa mayoría de los especuladores son gestores de inversión colectiva –es decir, del dinero procedente de enormes patrimonios personales y de ahorros y pensiones de millones de personas corrientes– cuya misión es conseguir la mayor rentabilidad de los fondos que les han confiado: cuando piensan que una acción bajará, venden y cuando ven que un título de renta fija ofrecerá más rentabilidad, compran. Cuando aciertan ganan, y cuando se equivocan, pierden. Y si se equivocan muchas veces, les ponen en la calle… Y si aciertan muchas veces se hacen millonarios.

Son especialistas de sacar rentabilidad al dinero del multimillonario y del pequeño ahorrador, no economistas encargados de resolver los problemas de una empresa o de una país. Si Grecia se ha hundido ha sido por la mala política económica de su Gobierno, no porque el gestor del fondo de pensiones de los funcionarios municipales suecos –es solo un ejemplo–comprara obligaciones griegas al 12 por ciento. Y si los especuladores perdieron miles de millones de euros con las alzas bursátiles fue porque, ¡al fin!, Europa se dió cuenta de que tenía un problema.

VIVIR COMO ALEMANES TRABAJANDO COMO GRIEGOS

La creación del la Union Económica y Monetaria Europea y su concreción en el euro como moneda común prestó, a partir de 1999, un plus de credibilidad a economías que no era serias. Algunos pensaron que una vez dentro del euro, los sistemas económicos de Italia, España, Portugal y Grecia dejarían de sufrir los vaivenes cambiarios que caracterizaban a sus respectivas divisas cuando cotizaban de forma independiente y que, por tanto, comprar deuda española era tan seguro como invertir en títulos alemanes. De hecho hace cuatro o cinco años la deuda pública de ambos países estaba al mismo precio.

Gracias a esa falacia de que el euro era igual de seguro en todos los países, a partir de 2004 España se endeudó como no había podido hacerlo mientras existió la peseta y llegó a tener el déficit exterior más alto de todo el mundo occidental, 10 por ciento del PIB.

Gracias a ese dinero prestado, los españoles vivieron durante seis años como si fueran alemanes, aunque su productividad estaba muy por debajo. Pero como lo que no puede ser no puede ser y además es imposible, los naipes del castillo acabaron por venirse abajo y España, como otros países del sur de Europa, se encuentran con que el acreedor llama a su puerta y cada vez resulta más difícil pagarle.

Durante este periodo exuberante, se daba por supuesto, aunque no figuraba en ningún acuerdo escrito y firmado, que llegado el caso Alemania se haría cargo de las deudas mediterráneas. Ni está siendo ni va a ser así: los contribuyentes alemanes dicen que ellos no trabajan para que los griegos puedan vivir bien y que el que quiera vivir como un alemán tendrá que trabajar como un alemán.

Desde luego, existe la opción de producir como griegos, pero entonces el nivel de vida será más bajo. Y eso es justamente lo que se está discutiendo ahora en los pasillos europeos: como reconocer que a economías distintas corresponden monedas diferentes para que los alemanes no acaben pagando las juergas de los demás.

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.