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Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

Cuando ni Florentino Pérez consigue dinero… ¿Qué le pasará al resto?

Florentino Pérez/ACS no consigue financiación suficiente para controlar Iberdrola… Si a ese mago de las finanzas le niegan el crédito que antes casi le regalaban, no quiero pensar por la que estarán pasando los empresarios que no sean tan listos y ambiciosos.

¡Qué tiempos aquellos en los que se sucedían operaciones empresariales y especulativas!:  opas, contraopas y semiopas estaban al cabo de la calle. Como había dinero fácil (barato), la única dificultad estribaba en localizar una empresa opable, porque la financiacion c on crédito estaba garantizada.

Que se lo pregunten a Florentino Pérez que de la noche a la mañana y con una sola llamada telefónica en abril de 2002 le compró la cuarta parte de Dragados al Banco Santander, por una nimiedad de 900 millones, operación que le permitió a ACS convertirse en la segunda empresa constructora nacional; tres años después,  en 2005, le pagó al Banco Santander  la friolera de 2.219 millones de euros por la eléctrica Fenosa; cuatro años más tarde, en 2009, vende Fenosa a Gas Natural realizando unas plusvalías de ¡1.160 millones!.

Pues bien, el rey de las operaciones relampago se ha atascado con Iberdrola y no consigue financiación para controlar la eléctrica. Quien conoce a Florentino Pérez sabe de su inteligencia, de su ambición, de su poder… Y en este caso, además, de su amor propio: fué a Iberdrola en septiembre de 2006 en auxilio de su presidente, Ignacio Sanchez Galán, y como este –que también es inteligente, ambicioso, poderoso y amor propio no le falta– no le dejó tocar bola y cortó cualquier posibilidad de alianza estratégica entre Iberdrola y Fenosa, Florentino Pérez decide controlar la compañía, de la que ya tiene un 10 por ciento.

Pero al contrario que en ocasiones anteriores esta vez no hay un duro en el mercado. Florentino no ceja y trata de vender participadas de ACS pero solo consiguió buen precio por Fenosa, pero no por otras como Abertis y algunas menos conocidas; tampoco consigue colocar una emisión de bonos y, para colmo, sus aliado el Grupo March vende, durante el pasado mes de agosto, el 2 por ciento de ACS dando una clara señal al mercado público de que los socios no están por la operación Iberdrola, que los hermanos Juan y Carlos  March se la habían desaconsejado en privado más de una vez…

Como es tenaz, a la vista de que no hay dinero, Florentino trata de controlar Iberdrola vía política cambiando la legislación mercantil y vía judicial, pidiendo la anulación de la Junta General de Iberdrola. Ya se sabe que cuando una operación financiera entra en esos carriles, suele descarrilar.

Total: si a Florentino Pérez le resulta imposible conseguir el dinero que hace cuatro o cinco años casi le regalaban, no les diré como le irá a otros empresarios que no tienen la inteligencia, el poder ni la ambición de Florentino. En Europa ahora mismo solo hay crédito para los gobiernos –y crucemos los dedos– y para alguna multinacional por encima de toda sospecha, del estilo Siemens y media docena más.

Esta parálisis del mercado nos afecta a los periodistas, que cada vez encontramos más dificultades para contar historias de éxitos inesperados, ambiciones insaciables y depredadores sin entrañas… Pero lo peor de es que paraliza toda la economía porque el sector público se queda con toda la financiación… Como decía The Economist la semana pasada: “los Gobierno que resolvieron la primera parte de la crisis, ahora son los que impiden solucionarla”… Incluso a Florentino.

Ahora sí bajará el precio de los pisos

La nueva regulación bancaria anunciada por el Banco de España puede jugar el papel del bicarbonato para acelerar la digestión  de la burbuja inmobiliaria que tiene inmovilizada como una boa a la economía española.

Hasta ahora (bueno, hasta la entrada en vigor de la disposición anunciada) los inmobiliarios eran unos activos que ni comían pan ni se estropeaban. En crisis anteriores y al grito de “los errores en inversión inmobiliaria se corrigen con el tiempo”, cajas y bancos dejaban en cartera tales activos hasta que los precios se recuperaran.

Desde que en 2008 estalló la burbuja inmobiliaria,  cajas y bancos han practicado la misma política, negándose a reconocer las pérdidas en sus créditos y sus activos relacionados con el inmobliario. Su posición tenía un motivo claro: evitar que sus cuentas de resultados se tiñeran de rojo; pero el precio de ese inmovilismo ha sido que se quedaron sin dinero para financiar a otros clientes que no tuvieran relación con el inmobiliario. Y el resultado final está a la vista: una economía que no se mueve, en la que lo único que crece son el paro y las deudas.

Ahora el Banco de España dice que esa cartera de inmuebles y créditos debe ser provisionada, de forma que las pérdidas aflorarán mientras no se deshagan de esos pisos y/o de los créditos que los soportan. En concreto, un activo inmobiliario lleve más de un año en balance perderá el 20 por ciento del valor al que esté apuntado y si es más de dos años la pérdida será del 30 por ciento.

Para el caso de activos inmobiliarios que soporten los créditos morosos, las pérdidas van desde el 20 por ciento en el caso de que el malpagador viva en la casa hipotecada, al 40 por ciento si la casa está vacía. Las fincas rústicas (muchas de ellas pagadas a precio de urbanas), oficinas y naves terminadas perderán el 30 por ciento, y, en fín, las parcelas, solares, etc. solo podrán ser contabilizados al 50 por ciento del precio que se pagó.

En definitiva el Banco de España, (quizás porque la crisis es más grave que cualquiera  de las anteriores, quizás porque el agujero financiero es más grande)ha dicho que mantener inmovilizados créditos e inmuebles en el balance va a costar dinero y cuanto más tiempo pase, más dinero costará.

Las cajas y bancos tendrán que hacer sus cálculos y ver que les resulta más económico: perder dinero vendiendo viviendas o perder dinero aguantando tales viviendas. Servidor es de letras, pero aún así piensa que la combinación de los tres tipos de provisiones anunciadas por el Banco de España (aumento de la provisión para morosos, pérdida de valor de los activos inmobiliario en balance y valor contable de los activos que garanticen préstamos morosos) pueden ser un buen pinchazo en las posaderas de cajas y bancos para que estos se decidan, por fin,  reconocer errores y bajen sus pretensiones vendiendo a pérdidas.

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.