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Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

LOS CUATRO EXITOS DE LA CUMBRE EUROPEA… SIN QUE ESPAÑA HAYA PAGADO EL PATO

La Cumbre Europea, ha sido un éxito porque ha resuelto los tres problemas que se debía resolver: suspensión de pagos de Grecia, aprovisionamiento  de dinero para ayudar financieramente a los países europeos que necesiten rescate y determinar las necesidades de dinero fresco de los bancos europeos, castigados por la crisis económica en general y por la deuda pública en particular.

A más más, en estas soluciones España no ha sufrido más de la cuenta. Era una quimera pensar que España –con una desastrosa marcha económica y un Estado incapaz de cumplir sus compromisos de recorte del déficit—iba a salir de rositas. Una devaluación del 2 por ciento en la deuda pública, y subsiguientes obligaciones bancarias para aumentar el capital de las cinco grandes entidades financieras españolas resulta una colleja perfectamente aceptable aún antes de que empezara la Cumbre.

Éxito 1. En la suspensión de pagos de Grecia, los bancos tenedores de la deuda de ese país (fundamentalmente alemanes y franceses) han aceptado finalmente una quita del 50 por ciento. Seguro que la mayoría de los miles de empresas españolas que están en suspensión de pagos aceptarían alborozadas un acuerdo similar con sus bancos acreedores. Si el objetivo era conseguir una salida ordenada de la trampa griega, la misión se ha cumplido.

Éxito 2. Para prevenir casos semejantes al de Grecia, Alemania y la Unión Europea en su conjunto, han aceptado más que doblar el fondo de ayuda a los países con problemas (EFSF, por sus siglas en inglés) que pasa de 480 mil millones a un billón de euros. Todo el mundo piensa que esa cifra de ayuda es más adecuada para el caso de default de España o Italia, que nadie quiere pero todos temen. En cuanto esté en marcha (a la UE le toca ahora conseguir dinero en Rusia y China para añadir al de la propia UE y el del FMI) el EFSF podrá comprar bonos españoles e italianos, misión que hasta ahora cumplía el Banco Central Europeo, quebrantando su propio estatuto fundacional. Solo por el hecho de doblar la capacidad financiera del EFSF, los mercados internacionales deberían relajar sus temores respecto de la deuda española o italiana

Este éxito, buena y parte del anterior, es directamente atribuible a la discutida señora Merkel, que ha convencido al parlamento alemán para que aceptara la quita a sus bancos y pusiera la mayor parte del dinero europeo en el fondo de garantía. Alemania, efectivamente, cree en Europa y está poniendo la carne en el asador en su rescate. En el futuro próximo, impondrá las nuevas reglas de funcionamiento.

Éxito 3 Los cinco grandes bancos españoles necesitan aumentar su capital con dinero fresco en 26.000 millones. A más a más, la deuda pública española que mayoritariamente han suscrito esas entidades y que por tanto figuran en sus balances, se devaluará un 2 o 3 por ciento. Entre el dinero en suelo/ladrillos y el atracón de deuda pública devaluada, resulta lógico que los bancos necesiten más capital. Que no se quejen los españoles, porque los balances de las entidades francesas y alemanas notarán mucho más el costo de la Cumbre… A Italia se le ha dado el plazo de un mes para presentar sus planes y se supone que entonces se procederá al correspondiente corte de pelo.

Éxito 4 Los mercados han comprado las medidas y lo han hecho de la mejor forma que puede hacerlo: la subida generalizada de las bolsas europeas. Desde luego que nada se puede dar por definitivo y a lo mejor la subida de los mercados no se sostiene, pero en esta ocasión y al contrario de lo que ha pasado en otras citas sobre con la misma agenda de Grecia, etc., la primera respuesta ha sido positiva.

 

 

 

Si Grecia (o España) quieren ayuda financiera, deben pagar con soberanía fiscal

La opinión pública alemana continúa rechazando que el dinero del contribuyente alemán salve a Grecia o a cualquier otro socio de la eurozona. En los pasillos de Bruselas se trabaja en  la formula salvamento financiero a cambio de soberanía fiscal. En España el primer paso se dió con la reforma de la Constitución, sin la que el Banco Central Europeo habría dejado de comprar bonos españoles.

Para casi todo el mundo, incluidos economistas solventes, está de acuerdo en que si la Europa del euro emitiera deuda pública conjunta, los eurobonos, la crisis financiera de los países del Sur, e Irlanda, podría solventarse. Tanta unanimidad choca con un obstáculo hasta ahora insalvable: los alemanes de la calle mandan un mensaje no menos unánime a sus políticos: no utilice el dinero del contribuyente germano  para pagar las francachelas griegas y de otras nacionalidades

Antes de tildar a los alemanes  de cabritos e hijos de su madre, piense por un  momento en lo que usted mismo haría si trabajara y pagara  impuestos en Alemania. En su cabeza estaría fija la imagen de los latinos como gente simpática, pero holgazana. Aunque no son ricos como los alemanes, tampoco son pobres de solemnidad y si gastan más de lo que producen no se debe a la necesidad, sino a la buena vida. Casi todos los españoles querrían ser como José Luis Rodríguez Zapatero: supervisor de nubes, tumbado en una hamaca.

Nos embarcamos –sigo con la reflexión de más de la mitad de los alemanes– en el barco del euro con esta partida de holgazanes,  porque prometieron que nunca se cambiarían de cubierta, si las circunstancias no lo permitían. Grecia engañó desde el principio –aunque tan culpable de la mentira es el que la dice como el que la acepta, sabiendo que es mentira–, Portugal lo hizo más tarde, Irlanda decidió que la mejor arma competitiva eran las rebajas fiscales –una manera como otra cualquiera de favorecer el déficit público– y España presentó cuentas ejemplares mientras se vendían 200.000 casas anuales a los extranjeros y 400.000 más a los nacionales; cuando estalló la burbuja inmobiliaria se demostró que el Estado,  las Autonomías y los Ayuntamientos habían tomado como permanente un nivel de gasto que en tiempos normales (y no digamos en tiempos malos) eran imposibles de financiar. De Italia solo puede decirse que en su receta caben todos los ingredientes de los demás.

A más a más, los alemanes no olvidan que la reunificación de su país exigió durante veinte años esfuerzos e inversiones, de las que la Unión Europea nunca quiso saber nada. Si ellos se sacaran sus castañas del fuego con su dinero, no hay razones para establecer nuevas reglas financieras en la Unión Europea que salven a los que se han hundido por méritos propios.

Por otra parte es verdad que si, de una u otra manera, el proyecto euro fracasa, Alemania se encontraría entre los países más perjudicados, pues si más de la mitad de las exportaciones alemanas van a mercado europeo, se debe en buena a que la moneda común  no sufre revaluaciones como antes el Deutsche Mark. Puede ser tan costoso financiar al vividor, como cerrar la taberna.

Y después de todas estas consideraciones, la pregunta que formula el común de la ciudadanía alemana a sus dirigentes proeuropeos es sencilla: ¿Quien nos garantiza que si ahora salvamos a Grecia, no tendremos que volver a salvarla dentro de unos pocos años? ¿Como sabemos que nuestro dinero no irá a pagar a los privilegiados funcionarios griegos, mientras que la deuda seguirá aumentando?.

Total: eurobonos sí, como piden los economistas, pero solo después de que los países implicados cedan nuevas herramientas de control y decisión a los organismos europeos, como sugieren los alemanes. Con otras palabras: ayuda financiera alemana, a cambio de cesión de soberanía de los manirrotos. La concreción de un cambio tan complicado taradará semanas, durante las que el BCE seguirá comprando bonos de España e Italia.

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.