3 may 2012 4
¿Para qué sirve un banco malo? ¿Quien pagará su coste?
Se ha impuesto la teoría de que un banco malo sacaría a la banca española de su crisis. El problema es determinar el precio de la operación y quien será el pagano de la misma.
El banco malo es como el cubo de la basura en el que los bancos regulares podrán colocar sus abundantes pufos inmobiliarios –solares, edificios, viviendas, oficinas—para convertirse en bancos buenos. El Banco de España ha convocado a especialistas extranjeros para que den ideas sobre como montar el banco da merda español y el Ministro Luis de Guindos negocia el permiso de Bruselas…
Muchos ponen en el invento la esperanza de que dentro de unos meses todo el desaguisado financiero español quede definitivamente arreglado, de forma que los bancos, ya saneados, puedan volver a prestar dinero y la actividad económica a tomar velocidad.
Como siempre, resulta más fácil describir los problemas que resolverlos. Al fin y al cabo, y por muy incompetentes que fueran Rodríguez Zapatero y sus ministros, si lo del banco malo fuera tan fácil ya lo habrían puesto en marcha.
¿De cuanto dinero hablamos?
Para una gestación feliz, el banco malo se enfrenta a dos dificultades principales: a)determinar el precio de los activos a traspasar y b)encontrar quien pague la operación. ¿Cuánto valen a día de hoy la ciudad fantasma de Seseña, o los terrenos y campos de golf de Polaris World, o los centenares de viviendas vacías en Arroyomolinos?.
Se puede llegar a saber cuanto dinero han metido los bancos en esos y otros muchos proyectos fracasados por todo el país, pero determinar su valor actual resulta un ejercicio entre profético y voluntarista. Y el agujero bancario nacional es, precisamente, la diferencia entre lo que costaron esos proyectos y lo que valen hoy.
Hace dos años largos el Gobierno (anterior), con el acuerdo del Banco de España, dijo que las ex cajas necesitarían, para tapar su agujero inmobiliario, en torno a los 20 mil millones. La prensa española (¡Ay!, la prensa española) se quedó satisfecha y criticó duramente a las agencias de rating y medios extranjeros que aseguraban que 20 mil millones no suponían ni la mitad del pufo sectorial… Hoy los más conservadoras consideran que la pasta necesaria duplica los 50 mil millones que ya ha reconocido el Gobierno de Mariano Rajoy.
¿Quién pone la guita?
La segunda dificultad en la gestación del banco da merda es saber quien pone esos miles millones de diferencia entre lo invertido y el valor actual. Dada la penuria de los agentes económicos nacionales, la fórmula milagrosa sería que Alemania,( o sea, el contribuyente alemán), se rascara el bolsillo por medio de eurobonos, facilidades del Banco Central Europeo, etc. Desafortunadamente el gobierno de Berlín todavía no ha convencido a sus electores de que es beneficioso para ellos correr con los gastos de la juerga hispano-italiana, sobre todo cuando no han acabado de pagar la de griegos, irlandeses y portugueses.
Sin dinero público
Por su parte, el Gobierno de Madrid repite que ese dinero no procederá de las arcas públicas, en primer lugar por la sencilla razón de que tales arcas están vacías; y en segundo, porque en este momento, rescatar bancos privados con ayudas públicas provocaría un desaguisado político de los gordos.
Y los bancos por sí mismos tampoco pueden cubrir esas necesidades financieras, porque supondría la quiebra de la mayoría de ellos.
Por mi parte pienso que lo importante es que se resuelva el atasco financiero, aunque sea con dinero público: al fin y al cabo para el contribuyente español tiene más valor que los bancos funcionen con normalidad y den créditos, que mantener el principio de que su dinero no está para tapar gestiones deficientes y, con ello, los bancos acaben en quiebra.
Daños colaterales
En todo caso, algo está muy claro: se debe actuar con urgencia. Cada día que pasa los activos inmobiliarios pierden valor y así aumenta el tamaño y la profundidad del agujero. Lehman Brothers quebró en otoño de 2008 precisamente porque ningún inversor privado estuvo dispuesto a comprarlo si antes aclarar sus pérdidas inmobiliarias y porque el Gobierno del Presidente Bush no alcanzó el visto bueno del Congreso para inyectar dinero público en el gigante moribundo.
Por otro lado, mientras se marea la perdiz en torno al banco da merda, el mercado inmobiliario continúa con su parálisis progresiva: nadie quiere comprar ni vender mientras no se conozca el descuento al que los bancos han traspasado sus inversiones inmobiliarias malas.
Crear un banco da merda no es la única fórmula para salvar la crisis. También, como hizo el Tesoro norteamericano después de Lehman Brothers, podría capitalizarse a cada banco. También podría procederse a liquidar los bancos peores…
Lo único indiscutible es que no hay economía que funcione sin bancos que den créditos.
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