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Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

¿Para qué sirve un banco malo? ¿Quien pagará su coste?

Se ha impuesto la teoría de que un banco malo sacaría a la banca española de su crisis. El problema es determinar el precio de la operación y quien será el pagano de la misma.

El banco malo es como el cubo de la basura en el que los bancos regulares podrán colocar sus abundantes pufos inmobiliarios –solares, edificios, viviendas, oficinas—para convertirse en bancos buenos. El Banco de España ha convocado a especialistas extranjeros para que den ideas sobre como montar el banco da merda español y el Ministro Luis de Guindos negocia el permiso de Bruselas

Muchos ponen en el invento la  esperanza de que dentro de unos meses todo el desaguisado financiero español quede definitivamente arreglado, de forma que los bancos, ya saneados, puedan volver a prestar dinero y la actividad económica  a tomar velocidad.

Como siempre, resulta más fácil describir los problemas que resolverlos. Al fin y al cabo, y por muy incompetentes que fueran Rodríguez Zapatero y sus ministros, si lo del banco malo fuera tan fácil ya lo habrían puesto en marcha.

¿De cuanto dinero hablamos?

Para una gestación feliz, el banco malo se enfrenta a dos dificultades principales: a)determinar el precio de los activos a traspasar y b)encontrar quien pague la operación. ¿Cuánto valen a día de hoy la ciudad fantasma de Seseña, o los terrenos y campos de golf de Polaris World, o los centenares de viviendas vacías en Arroyomolinos?.

Se puede llegar a  saber cuanto dinero han metido los bancos en esos y otros muchos proyectos fracasados por todo el país, pero determinar su valor actual resulta un ejercicio entre profético y voluntarista. Y el agujero bancario nacional es, precisamente, la diferencia entre lo que costaron esos proyectos y lo que  valen hoy.

Hace dos años largos el Gobierno (anterior), con el acuerdo del Banco de España, dijo que las ex cajas necesitarían, para tapar su agujero inmobiliario, en torno a los 20 mil millones. La prensa española (¡Ay!, la prensa española) se quedó satisfecha y criticó duramente a las agencias de rating y medios extranjeros que aseguraban que 20 mil millones no suponían ni la mitad del pufo sectorial… Hoy los más conservadoras consideran que la pasta necesaria duplica los 50 mil millones que ya ha reconocido el Gobierno de Mariano Rajoy.

¿Quién pone la guita?

 La segunda dificultad en la gestación  del banco da merda es saber quien pone esos  miles millones  de diferencia entre lo invertido y el valor actual. Dada la penuria de los agentes económicos nacionales, la fórmula milagrosa sería que Alemania,( o sea, el contribuyente alemán), se rascara el bolsillo por medio de eurobonos, facilidades del Banco Central Europeo, etc. Desafortunadamente el gobierno de Berlín todavía no ha convencido a sus electores de que es beneficioso para ellos correr con los gastos de la juerga  hispano-italiana, sobre todo cuando no han acabado de pagar la de griegos,  irlandeses y portugueses.

Sin dinero público

Por su parte, el Gobierno de Madrid repite que ese dinero no procederá de las arcas públicas, en primer lugar por la sencilla razón de que tales arcas están vacías; y en segundo, porque en este momento, rescatar  bancos privados con ayudas públicas provocaría un desaguisado político de los gordos.

Y los bancos por sí mismos tampoco pueden cubrir esas necesidades financieras, porque supondría la quiebra de la mayoría de ellos.

Por mi parte pienso que lo importante es que se resuelva el atasco financiero, aunque sea con dinero público: al fin y al cabo para el contribuyente español tiene más valor que los bancos funcionen con normalidad y den créditos, que mantener el principio de que su dinero no está para tapar gestiones deficientes y, con ello, los bancos acaben en quiebra.

Daños colaterales

 En todo caso, algo está muy claro: se debe actuar con urgencia. Cada día que pasa los activos inmobiliarios pierden valor y así aumenta el tamaño y la profundidad del agujero. Lehman Brothers quebró en otoño de 2008 precisamente porque  ningún inversor privado estuvo dispuesto a comprarlo si antes aclarar sus pérdidas inmobiliarias y porque el Gobierno del Presidente Bush no alcanzó el visto bueno del Congreso para inyectar dinero público en el gigante moribundo.

Por otro lado, mientras se marea la perdiz en torno al banco da merda,  el mercado inmobiliario continúa con su parálisis progresiva: nadie quiere comprar ni vender mientras no se conozca el descuento al que los bancos han traspasado sus inversiones inmobiliarias malas.

Crear un banco da merda no es la única fórmula para salvar la crisis. También, como hizo el Tesoro norteamericano después de Lehman Brothers, podría capitalizarse a cada banco. También podría procederse a liquidar los bancos peores…

Lo único indiscutible es que no hay economía que funcione sin bancos que den créditos.

 

 

 

 

Mientras las ex cajas no se arreglen, España no tiene salida

¿Por qué el Gobierno, que no ha dudado en hacer la reforma laboral, en subir lo impuestos, en bajar los gastos, no sabe qué hace con el agujero de la ex cajas de ahorro?.

El sábado mientras ojeaba el Financial Times me decía a mi mismo: mi mismo ¡que pesado eres! siempre a vueltas con los bancos, sin hacer caso a la prima de riesgo, a la bolsa, al crecimiento… El personal te va a coger manía, con razón. Te repites más que las sardinas.

 Sin dinero

Mientras me autoflagelaba, llegué a la página 28 del FT en la que un columnista habitual, John Authers, titulaba su artículo con un rotundo “España todavía está atrapada en las raíces de la crisis financiera”.  La tesis central de Authers  es que, a diferencia de los norteamericanos, los bancos españoles (mayormente, la ex cajas) todavía no han reconocido las pérdidas  producidas por la burbuja financiera(…) Desde 1998 el valor contable de los activos bancarios se ha multiplicado por ocho, el doble que los bancos europeos y el 80 por ciento más que los norteamericanos(…) Antes de invertir los mercados, simplemente, están a la espera de que los bancos españoles reconozcan todas esas pérdidas”.

En fin que no se trata de repetir cosas dichas, sino de actuar . ¿Por qué el Gobierno no acaba de cantar la gallina en el problema bancario, que es el más importante?. Por falta de determinación política no será, como lo ha demostrado en sus decisiones rápidas e inapelables sobre la reforma laboral,  los recortes en el gasto público y el aumento de los impuestos.

Mareando la perdiz

 Y si en el problema principal –las excajas de ahorro–  todo se va en marear la perdiz  sobre si debe haber fusiones, o un banco malo que se quede con los pufos del ladrillo, o un rescate por parte del Gobierno o por parte de los bancos menos entrampados, es por la sencilla razón de que no hay dinero y no es previsible que lo haya, por lo menos en este año.

A falta de solución nacional habrá que acudir a alguna fórmula de ayuda, rescate, o salvavidas de origen transnacional… Pero eso es otra historia que merece reflexión aparte.

 

 

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.