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Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

También las empresas españolas se van de España

El Santander celebrará una sesión de Consejo el próximo 21 de noviembre en Londres. Aunque no se descarta el anuncio de alguna decisión estratégica deslocalizadora, a nadie se le escapa que esta es la mejor manera que tiene el Banco de resaltar su identidad global, por contraposición a la española. Telefónica, por su parte, traslada a Londres el cuartel general de su pata digital, el negocio con más futuro, el BBVA  traslada su mesa de bonos de Madrid a Londres…

Según datos del Ministerio de Comercio e Inversiones británico, durante el último año fiscal las inversiones españolas en Gran Bretaña han creado allí 3.542 puestos de trabajo, lo que supone más del doble que el año anterior. Y en este momento hay en marcha 56 proyectos de inversión españoles en la City, un 47 por ciento más que los doce meses anteriores.

Durante los años del boom, la opinión española asistió satisfecha a la expansión multinacional de sus empresas, sobre todo en Latinoamerica; cuando estalló la crisis, el orgullo se convirtió en resignación al ver como multinacionales industriales se “deslocalizaban” –eufemismo edulcorante de la realidad de que en España se cerraban factorías para abrirlas después en Europa del Este, Asia o Africa; ahora ¿que sentirá una sociedad atemorizada por el paro, cuando tome conciencia de que las empresas españolas crean más puestos de trabajo fuera que dentro del mercado interior?

La marca España, ya lo sabe todo el mundo, es una marca que ha dejado de molar y, salvo la calidad de vida, todas sus connotaciones son negativas. Abertis, por ejemplo, lanzó hace seis meses una emisión bonos por 750 millones de euros a través de su filial francesa, que se beneficiaba de una califación AAA, mientras que la matriz española estaba castigada por las continuas bajas del rating al Reino de España.

Es lógico que las empresas acudan e inviertan allí dónde hay mejores condiciones de mercado, pero a los jefes de estas empresas les va a resultar complicado explicar por qué abandonan sus plataformas de origen. El mercado español ha pagado un precio por ser cuna de multinacionales, pues los buenos márgenes que esas empresas nacionales conseguían en un mercado cerrado/protegido, han permitido generar fondos para invertir y crecer en el exterior, convirtiéndose en multinacionales.

Ya digo que es un movimiento lógico y hasta inevitable. Todas las empresas del mundo lo hacen. En España, sin ir más lejos, se fabrican a punta de pala coches de marca extranjera cuyos clientes finales tambien se encuentran fuera de España: pero  ni Mercedes, ni Renault, ni siquiera Seat han trasladado su centro de decisiones a España. Ese es el sobrentendido de toda inversión extranjera: se busca mercado, logística y racionalización de costes… Pero no se cede ni la tecnología, ni el marketing, ni las finanzas.

España no puede ser la misma pata Telefónica que para Vodafone, para el Santander que para  el Deutsche. Y malo será el día, para España y para las empresas afectadas, en que este escenario se convierta en realidad.

Categoría: Artículos de prensa, Economía, Globalización, Multinacionales

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.