Jose María García-Hoz

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Artículos, reflexiones, cuentas y cuentos, conferencias y exabruptos de un veterano periodista.

21 años para condenar a los Albertos

 

21 años han tardado los tribunales españoles en sentenciar inapelablemente que los primos Alberto Alcocer y Alberto Cortina habían estafado a sus socios en la venta de un solar de la madrileña Plaza de Castilla a Kuwait Investment Office, donde se construirían las Torres KIO, y, por tanto deben devolver la pasta que les robaron en una operación firmada en 1988, esto es, hace veintiséis años.

Me apresuro a decir que este asunto, a pesar de sus protagonistas no es un affaire más de aquellos años de locura especulativa en los que Mario Conde, Javier de la Rosa y los propios Albertos trataron de asaltar el poder empresarial establecido: aquí no hay derivados, ni productos híbridos, ni opciones sobre acciones, ni warrants, ni cualquier otra herramienta de la ingeniería financiera.

Estafa vulgar

Estamos, sencillamente, ante una vulgar estafa de estos delincuentes a sus socios, utilizando algo tan sencillo como el abuso de confianza y la mentira: los primos dijeron que KIO había pagado 150.000 pesetas por metro cuadrado, cuando el precio real fue de 231.000 pesetas. En total, una estafa de 24 millones de euros ¡y eso que eran sus socios!.

 

No es un caso que se haya podido retrasar por la dificultad de desentrañar un sofisticado procedimiento financiero y/o de localizar el dinero en oscuros paraísos fiscales. Se ha retrasado porque la administración de justicia, en España, deja mucho que desear. A los datos me remito.

A dos años por pleito

Según el más reciente estudio de la OCDE, analizado por el Banco de España en el Boletín Económico de Noviembre, en España la duración media de un pleito, desde la primera instancia al Tribunal Supremo es de 778 días (o sea, más de dos años), solo menos tiempo que Italia, Eslovenia y Francia.

¿Por qué tardan tanto los tribunales españoles? Es la pregunta del millón de dólares y tiene respuestas parciales.

La primera es que la Justicia española se basa en la aplicación de leyes escritas, cuya interpretación para cada caso exige más tiempo que la aplicación de la common law (el sentido común), que es el sistema utilizado en los países anglosajones, donde, de media, los pleitos duran mucho menos.

Nos gusta ir a los jueces

También hay que contar con la afición litigiosa de los españoles: aquí se registran 0,042 pleitos por habitante, mientras que en Finlandia, el país OCDE con menos tasa de litigios, se producen 0,003 casos per cápita y Rusia es la que registra tasa más alta: 0,96 casos por habitante.

Aunque no hay información sobre como distribuye la Justicia española  sus presupuestos ( ya se sabe: las autonomías no ofrecen información fiable), si se puede decir que estos son insuficientes, por lo menos en dos aspectos: poco personal, pues cada juez solo cuenta con un equipo de 0,95 personas, cuando la media de la OCDE está en 1,6 ayudantes por juez.

¿Y la política?

Y también pocos medios informáticos –no sólo ordenadores, sino también, páginas web, posibilidad de seguimiento on line de los procesos, etc.– en el índice de la OCDE para medir la aplicación de Tecnologías de la Información en los tribunales de los diferentes países, España figura en el puesto 24 de un ranking en el que figuran los 33 miembros de la OCDE.

Ya lo sé: todo este informe suena aburridamente tecnocrático, cuando en la percepción general el problema de la administración de Justicia en España empieza por el control político de los jueces, sigue por los juicios paralelos en los medios de información y termina con los jueces estrella.

Pero también la Agencia Tributaria está politizada y eso no es obstáculo para que cuente con unos medios informáticos que para sí quisiera el Gran Hermano. Ya que estamos condenados a sufrir una Justicia politizada,  por lo menos que le den medios para que sea rápida.

 

 

El salvador de la Patria calza ya 83 años

 

Es verdad: no hay jóvenes españoles que emulen a los  genios de la Internet nacidos en Silicon Valley… Para compensar, aquí tenemos a Juan Miguel Villar Mir que debería ser nombrado salvador de la Patria, porque a sus 83 años sigue con un incansable espíritu emprendedor

Cito de memoria, pero entre sus más recientes iniciativas emprendedoras se encuentra la de haber salvado a Colonial (La Caixa), haber salvado a ACS (Florentino Pérez) mediante la compra de una participación significativa de Abertis y haberle librado al Santander el marrón de la antigua sede de Banesto, mediante el planteamiento de un proyecto turístico comercial en el centro de Madrid… Y eso dentro del mercado nacional, porque en el internacional (Brasil, México) ha emprendido también exitosas aventuras que nadie había imaginado.

Sectores tradicionales vs. sectores de futuro

Juan Miguel Villar Mir, Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos,  lleva años practicando su capacidad emprendedora en aquellos sectores que más conoce un empresario de su generación: infraestructuras, inmobiliario, energía… Porque eso es lo propio de un hombre de su edad.

Delante de este señor, un servidor, y cualquiera, tiene que sacarse el sombrero y aplaudirle con las dos manos. Pero dicho esto surge la pregunta ¿Dónde están los Villar Mir del futuro?.

Porque los sectores que sacarán a España del hoyo no son aquellos donde Juan Miguel Villar Mir sigue triunfando. Y aunque nadie conozca cuales son los tales sectores de futuro de la economía española, sería ingenuo esperar innovaciones de empresarios que hace tiempo rebasaron los 60 años y llevan dos o tres lustros en el cargo.

El Rey que se cargó una generación

Se cuenta que cuando en 1976 el entonces joven Rey D. Juan Carlos nombró a Adolfo Suarez Presidente del Gobierno, Manuel Fraga, Ministro del Interior exclamó “¡este cabrón se ha cargado a una generación!”. Si no es verdad, merece serlo: el primer Gobierno que nombró Adolfo Suarez fue inmediatamente tildado de “Gobierno de penenes”, porque ninguno de sus miembros reunía los años de experiencia ni los títulos académicos de la generación política anterior. Pero precisamente fue ese Gobierno de imberbes el que construyó la Transición democrática, la mayor  y mejor innovación política del Siglo XX español.

A la elite empresarial española –y no me refiero exclusivamente a los jefes efectivos de las empresas del Ibex 35—le sobran años de edad y años en el cargo;  la experiencia (que además de sabiduría aporta manías y fijaciones) disminuye la capacidad de adaptarse al cambio económico, alumbrando nuevos negocios y empresas. En toda regla hay excepciones y seguro que la permanente innovación de Villar Mir no es un ejemplo solitario, como tampoco lo será Warren Buffet en Estados Unidos, pero aquí se echa de menos gente con menos canas y sin más experiencia que la de sus cortos años.

Banqueros de edad

En el mundo conocido no hay banqueros de más edad que Emilio Botín (80 años, 28 en el cargo), Francisco González (66, 14 de presidente del BBVA) o Isidro Fainé (70 años, 7 en el cargo) y dudo mucho que el jefe de cualquiera de los competidores de Telefónica tenga más años que César Alierta (69, y 14 de presidente).

Ser viejo no un hándicap, ni mucho menos un delito –que me lo digan a mí, que soy uno de ellos–, pero el escenario empresarial de la sociedad española no debería estar protagonizado por profesionales  a los que el sol ya les da por la espalda, sin que nadie discuta la labor hecha… Y sería impropio de estos profesionales que les faltara la generosidad de echarse a un lado, para que gente con más energía y más necesidad de hacerlo bien se pusiera al timón.

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Sobre el autor

Madrileño de 1946. Empezó a trabajar como periodista en Barcelona, durante el otoño de 1966. A lo largo de su vida profesional ha tratado prácticamente todos los temas, salvo sucesos, pero siempre se ha encontrado más cómodo en el periodismo económico.

El 16 de septiembre de 2009 empezó este blog en lainformación.com. Después de 43 años de oficio, resulta casi obligada la experiencia de la Red.

Al margen de coyunturas más o menos duraderas, cree que la crisis de la prensa escrita en España se debe, sobre todo, a la renuncia de los medios a cubrir con dignidad su papel de servicio al público, al común de la ciudadanía, en lugar de a las oligarquías políticas, financieras o empresariales.

Sus referentes profesionales son Raymond Cartier, Indro Montanelli, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales y tantos periodistas norteamericanos capaces de sacar la historia interesante y reveladora que hay detrás de cualquier suceso, por banal que este parezca. También hay extraordinarios periodistas españoles, muertos y vivos, pero su enumeración resultaría inevitablemente parcial.

Sus dos grandes decepciones profesionales han sido no escribir nunca para Time y para The Economist, así como la relación de grandes profesionales que se pasaron al otro lado de la barra. Cada uno toma las decisiones que le parecen más acertadas, pero sería bobo ignorar que el desfile de periodistas desde las redacciones hacia gabinetes de comunicación es otra de las causas de la mala prensa.

En 1970 casó con la mujer de sus sueños, han tenido nueve hijos y una partida de nietos. Es inmensamente feliz y le gustaría ser bueno, en el buen sentido de la palabra.